Páginas

viernes, marzo 30, 2007

PECADOS CAPITALES - LA PEREZA




La pereza es el muro de algodón contra el que chocan frontalmente la voluntad y el ánimo de las personas cada vez que intentan abandonar el melifluo y etéreo mundo de las ideas, para enfrentarse y conquistar el áspero y crudo mundo de las realidades.

¿Quién no ha sucumbido al suave impulso que le arroja en brazos de dicho muro, mientras -inconscientemente la mayoría de las veces- va perdiendo por el camino intenciones y proyectos, con la misma inconsciencia que aquél que guarda sus monedas en el interior de un bolso agujereado?

La pereza, al fin y al cabo, es como esos salones de masajes y relax, donde uno no tiene que hacer nada; sólo ha de llegar, tumbarse, dejarse hacer y, cuando acaba la sesión y le pasan la factura, pagar lo que se debe.


kasi_siempre (31-03-07)

martes, marzo 27, 2007

PECADOS CAPITALES - LA GULA


La gula es algo así como la escenificación, física y real, de nuestras pasiones; la puesta a plano de lo más instintivo que encierra el ser humano.
¿Hay algo más involuntario, natural o irracional en el hombre, que el inconsciente anhelo de subsisitir y preservar la especie?
Cuando ese acto reflejo de comer se eleva al grado exponencial más alto, se está aboliendo la parte racional y lo que hay de voluntario en ese hecho o, lo que es lo mismo, se está anulando la capacidad de la persona para establecer unas límites a lo que es una necesidad fisiológica: alimentarse, simplemente.
Es posible -no digo que probable-, que aquél que deja aflorar lo más primario que encierra como ser humano cuando se sienta ante un plato, también lo haga al realizar otras funciones que están regidas, en parte por los instintos y, en parte, por la voluntad.

Podemos y debemos observar, más no juzgar. Puestos a ello... ¿Dónde se encuentran registradas las medidas reales y las cantidades justas de lo que uno debe de comer, beber...etc? ¿En los libros de los nutricionistas? ¿En la parte consciente y racional de los que habitualmente tienen menos apetito?
Si una persona come, bebe en exceso y se pega unos festines pantagruélicos, sin que ello se refleja en su aspecto externo, ni en la báscula ni en un palmario estado de embriaguez, entonces... ¿Hemos de seguir manifestando que se ha dejado llevar por la gula o decimos sencillamente que "come como una lima"? ¿Siempre que existe obesidad está detrás el fantasma de la gula? ¿Ese tipo de "pecador" habitualmente se manifiesta como tal cuando se encuentra acompañado, o trata de disimularlo poniendo sobre el mantel la ínfima parte de racionalidad que le puede quedar dentro del cerebro?

¡Ojo! Hay pecados ambiguos y éste puede ser uno de ellos. Pero hay más, hay más... no se vayan a pensar.

kasi-siempre (28-03-07)

PECADOS CAPITALES - LA IRA


La ira es el caballo desbocado que lleva, arrastrando consigo, las riendas con las que el jinete controla su paciencia contenida.
Hay algunos que consiguen domar dicho corcel, y éste, por mucho que tire, no logra arrancar las correas de sus manos aunque el jockey se deje la piel en ello. Hablamos de personas con un excelente autocontrol.
Hay otros que no dominan la cabalgadura y se comportan como auténticos títeres cuando están aupados sobre el rocín. Se trata de seres frágiles que, dejados llevar por el enojo, no son capaces de domeñarle y señalarle unos límites.
Llegados a este punto, ¿quién es más poderoso? ¿el irascible, con sus alardes de fuerza, o el tranquilo, con su flema y -aparente- debilidad?
(kasi_siempre, 27-03-07)

lunes, marzo 26, 2007

PECADOS CAPITALES - LA ENVIDIA


La envidia, muy en el fondo, es un sentimiento positivo, pues hace pequeño a quién la padece pero engorda y magnifica a aquel que está en el punto de mira del envidioso. También tiene aromas sadomasoquistas, ya que, siendo un pecado capital que hace daño a envidioso y envidiado, cuanto más daño hacemos a alguien envidiándole más placer le provocamos, del mismo modo que el envidioso no puede evitar sentirse atraído y fascinado por ella, por la propia envidia.
(Kasi_siempre, 26-03-07)

viernes, marzo 23, 2007

¿DÓNDE ESTAS?


Hace días que no siento a mi “amigo invisible”, porque aquí donde me ven Vds... tengo uno.

Las personas imaginativas y calladas, las que suelen “perder el tiempo” reflexionando y construyéndose un mundo distinto del real, las que viven otras historias paralelas e ignoradas por los demás, aquellas que necesitan romper con la rutina diaria y despojarse de vez en cuando del oscuro y triste manto gris de la cotidianeidad para echarse por encima de los hombros una capa de rutilantes colores... suele ocurrir que se comunican con un “amigo invisible” a través de unos tenues hilos transparentes, delicados e imperceptibles para el resto de la gente.
Para que me entiendan Vds. me siento como una niña, más en el fondo que en la forma –lamentablemente mis formas infantiles y juveniles se perdieron hace tiempo-, pero a veces me sorprendo a mi misma platicando con alguien que está en la habitación pero que sólo puede ser observado a través de mis pupilas, igual que cuando era una cría. No se trata de un espíritu, ni de un muerto, ni de un ángel de la guarda ni de mi propia conciencia. Es un ser que está tan vivo como yo, que siente, que padece, que tiene sus propios conflictos y que, a veces, hasta me pone en un brete -otras, simplemente me pone-, pero que indefectiblemente está “ahí” sentado, esperando a que yo vaya a contarle mis penas. Un humano siempre necesita tener a alguien a mano en quién confiar, alguien que le escuche y le guarde los secretos; ni de mi propio “yo” ni del resto de los humanos puedo fiarme...¿Saben qué decía mi abuela?: “¿Me guardarás un secreto, amigo? ¡mejor me lo guardas si no te lo digo!”. El “invisible” me quiere y no me traiciona, la pena es que ustedes no puedan verle... Y yo a veces tampoco.

miércoles, marzo 21, 2007

CALCULANDO

Por la mañana me siento creativa.
Cada persona tiene su “hora y su momento” para imaginar e inventar historias.
La mía es después de levantarme de la cama y desayunar, justo cuando estoy entregada a otras ocupaciones que no me permiten coger el bolígrafo o el ordenador.
No obstante, mientras limpio, cocino o paso la mopa, mi mente sigue urdiendo y procesando datos. Esos datos que se esconden en mi disco duro y que, unidos con mayor o menor fortuna, y dejados llevar por las propias emociones, dan lugar a nuevos proyectos, deseos o simplemente ilusiones.

En esas estaba el otro día, cuando di en pensar en lo mucho que tienen de complicadas las relaciones humanas. Es difícil caerle simpático a todo el mundo, pero echando mano de las matemáticas, el porcentaje y la estadística, pensé: “¡Caramba! Pongamos que caigo bien a ocho de cada diez personas que me conocen, eso sería tanto como decir ochenta de cada cien, ochocientos de cada mil u ochocientos mil de entre un millón...”
Barajar esa cifra me provocó vértigo, no lo voy a negar, pues... mirándolo así, fríamente, resulta que “tengo ocho posibilidades de entre diez de resultarle interesante a cada sujeto nuevo que aparece en mi vida (¡¡y ochocientas mil de cada millón!!)”. “Soy afortunada” pensé.

Pero... ¿es realmente cierto ese porcentaje? ¿la relación 8/10 es veraz?...humm... la respuesta que obtengo de aquellos a quienes pongo en el punto de mira y hago blanco de mis intenciones suele ser favorable la mayoría de las veces. Pero entonces no logro explicarme una cosa, ¿porqué cuando lanzo mis redes sociales al proceloso mar constituido por el resto de los humanos que me rodea, la mayoría de las veces sale llena de peces variados –intrascendentes, anodinos en ocasiones- y nunca consigo atrapar ese anhelado pececillo de colores que se me resiste y muestra escurridizo? ¿Será que la red tiene un roto? ¿Será que no la lanzo ni en el sitio ni en el momento adecuados? ¿Será que tengo sobredimensionado al pececillo y en realidad es más insignificante –aún- que el resto de ellos y por eso se cuela entre los hilos de la red? Siempre que alguien me resulta verdaderamente atractivo ¿está en el otro lado? ¿en el veinte por ciento restante formado por aquellos a los cuáles no caigo bien?

O no me salen las cuentas, o... ¡qué casualidad, hombre, ya es tener mala suerte! ¡Esto me pasa por pensar mientras limpio!

martes, marzo 20, 2007

TENGO QUE LEER...



Tengo que hacer, tengo que hacer, tengo que hacer... Tres palabras que son una constante en mi vida, en la vida de la mayoría de las personas, en la vida de las personas adscritas a la cultura occidental. Cuando uno “tiene que hacer”, generalmente relega a un segundo plano aquellas funciones que carecen de importancia o cuyo menor interés hace que puedan ser demoradas para más adelante.
Una servidora es tan rarita que hace todas las cosas al contrario de lo que debiera, y a veces aplaza cuestiones que, pudiendo inicialmente parecer superfluas o prescindibles, han contribuido a ser en su vida los pilares más básicos y fundamentales de lo que ella es como persona a día de hoy. Me estoy refiriendo a la lectura.

Cuando veo mi biblioteca, de la cual tan orgullosa me siento -pues allí viven, crecen, se reproducen como conejos y se entienden entre ellos lo mejor que pueden, un montón de libros dedicados sobre todo a los autores clásicos-, me entra una especie de desasosiego dentro del alma. Siento la acuciante necesidad de vivir de repente muchas vidas –al menos otra más- para poder leer todo aquello que me debo. Pero a la vez me invade la enorme preocupación de sospechar que el pasado empieza a ocupar más espacio en mi currículum vitae que el posible futuro que me espera. Son cosas que nunca se saben... en todo caso se perciben, pero es inevitable tomar conciencia de ello, pues por lógica y por cronológica las cosas son así desgraciadamente. En el mejor de los casos uno puede llegar a viejísimo, pero...¿cuántos que llegan a viejísimos están tan estupendos como para poder meterse entre pecho y espalda el Fausto de Ghoete, por poner un ejemplo, sin morir en el intento? Bueno, lo cierto es que sería una forma hermosa de morir, plácida y serenamente, disfrutando de una buena lectura.
No nos engañemos. Para todas las cosas existen un tiempo y una oportunidad que, en ocasiones, se nos escapan de las manos antes de darnos cuenta tan siquiera de que pasaban por allí.

Mientras me hago estas reflexiones, acaricio los lomos de mis queridos volúmenes y observo guiños de complicidad que escapan al autocontrol de los propios autores reales y personajes de ficción contenidos dentro de ellos: Virginia Woolf con gesto cansado me muestra un raído abrigo lleno de piedras en los bolsillos; Shakespeare dilucida qué hará esta noche de cena mientras sopesa varias opciones sosteniendo una calavera en una mano; Faulkner expele bocanadas de humo y le atiza un tiento a un vaso de güisqui con hielo; Cortázar se fuma París aupado a lomos de una gata; Mann cierra de golpe su maleta para llegarse hasta un sanatorio ubicado sobre una montaña mágica; Proust relame sus dedos grasientos después de despachar una magdalena; Zola intenta ayudar a una Thérèse Raquin desesperada a causa de un amor imposible y Flaubert hace lo propio con la Bovary; Cervantes ofrece un pellejo de vino agujereado a un Caballero y un bálsamo mágico a su escudero; Balzac se emplea a fondo como curtidor de pieles de zapa y Tolstoi dice No a la “guerra –y paz-” ¡que es muy larga, carajo!” ...
¡Cuántas vidas encerradas dentro de esas páginas! ¿Cómo puede una simple mortal como yo, aspirar a vivirlas -aunque sea leyéndolas- de un solo trago y sin respirar?
Humm... nada, nada... mañana mismo pienso encargar otra –vida- y ya de paso me acerco a la librería, que he visto las obras completas de...

domingo, marzo 18, 2007

EL ARTE DE VIVIR VIAJANDO EN AUTOBÚS


Yo comparo la vida de las personas, en relación a sus proyectos, con la corriente de pasajeros que fluye en el interior de un autobús de línea urbana. Algunos permanecen fijos en sus puestos hasta el final del trayecto, otros se apean en alguna de las paradas que hay marcadas en el itinerario. A medida que bajan unos se van agregando otros, renovándose de esta manera el paisaje humano que conforma las entrañas del vehículo. Llegado el momento en el que, prácticamente, ha culminado su ruta, rara vez se suma algún viajero al autobús, por el contrario, es tal la hemorragia de usuarios que optan por apearse de él, que invariablemente le dejan exangüe cuando al fin logra alcanzar su destino.

Pues bien, con los objetivos que nos marcamos en la vida ocurre otro tanto. Al principio proyectamos y proyectamos. Pasado un tiempo, al ver que no cumplimos con nuestras exigencias por distintos motivos: falta de estímulos, de tiempo, de colaboración por parte de quién sea, etc., abandonamos unas aspiraciones y añadimos otras. Unas veces salen adelante, otras veces...no. Lo que está claro es que, a medida que pasa el tiempo y transcurren los años, nos vamos dando cuenta de la realidad de nuestras limitaciones, evitando de algún modo marcarnos grandes retos y eludiendo sobrecargar de planes nuestros propios horizontes. Hasta el punto que, adivinando próximo nuestro fin de trayecto, optamos por liberarnos de cualquier proyecto que no sea vivir “a secas” y por dejarnos deslizar suavemente hasta nuestro destino final.
Puede ocurrir que un vehículo colisione antes de llegar a la meta, llevando su interior plagado de ocupantes, del mismo modo -lamentablemente- que la existencia humana se agota cuando la persona aún está plena de deseos e ilusiones.

jueves, marzo 15, 2007

ESTAMPA VERANIEGA



Ayer, sin quererlo, me he metido en terreno playero y pantanoso. Los primeros rayos solares y el acusado ascenso de las temperaturas, han propiciado que a una servidora se le hayan puesto los dientes largos en relación a la cosa del ocio estival. Los recuerdos del último veraneo hoy acuden a mi mente en tropel, y, sin un gran esfuerzo, puedo sentir el olor a mar, la brisa en mi cuerpo, la tibieza del sol de primera hora de la mañana y, bajo el asiento en el que estoy sentada en estos momentos, remuevo con mis pies descalzos una arena inventada. Repito, sin hacer demasiado alarde imaginativo.

Cierro los ojos -los dos, para que no parezca que estoy tratando de ligar...- y veo a Lucía tumbada a mi lado en su hamaca. Las dos estamos panza arriba y cara al sol como lagartos – perdonen lo de “cara al sol”, ha sido sin querer, y no digo lagartas para que no parezca que estamos tratando de ligar...-. A mi derecha –tengo la manía de posicionarme a la izquierda la mayoría de las veces, aunque sea en la playa, ya ven...- está mi viejo bajo la sombrilla – el tío se la coge toda para él- leyendo el periódico –El País, para más señas-.

La bolsa de playa con todos sus enseres (libros que nunca leemos allí porque con el sol de casi mediodía no hay forma de leer; afeites y potingues para ponerse moreno, para no ponerse, para hidratar y para que, cuando ya esté uno tan rojo como un camarón, no le pique ni le escueza nada), se balancea patéticamente de un gancho de la sombrilla o de uno de los salientes de una silla blanca de resina. Cuando le vence el tedio, no soporta el calor sobre su lona reblandecida, o, simplemente, ¡no aguanta ...el peso!, el bolso de vivos estampados, polivalente y multiuso, decide arrojarse sobre la arena, hacerse el muerto y desparramar sobre la misma buena parte de su contenido, o dejar invadir sus entresijos por un buen puñado de ella, lo que suele provocar las delicias de la dueña a la hora de la partida. Sobre todo cuando ves que el frasco de la loción que te han vendido como “no grasa” y que, resulta que chorrea aceite como para hacer una buena olla de lomo, está rebozado en arena como una croqueta; o...el libro ese de antes, sí, el que nunca lees allí, el que que tú te has esmerado en forrar con plástico previamente y que, no sabes cómo, la arenita se ha encargado de introducirse entre las pastas y el forro, dejando una rara y molesta rugosidad sobre las tapas cuando deslizas la mano sobre ellas. Por supuesto, todo el aceite que pierde el frasco –el de la loción “no grasa” ¿recuerdan?- va a parar al libro o a la revista indefectiblemente (sí, sí...los frascos también pierden aceite, como las Harley y como las personas).
Ahora que lo pienso, es posible que los fabricantes tengan razón cuando dicen que el fluido bronceador no contiene aceite, porque si hay un libro en tu bolsa de playa, fijo, fijo... ¡que se lo chupa todo él!

En fin, voy a cortar el rollo porque no quiero seguir provocando la envidia a mis lectores con estas estampas veraniegas, pero mañana pienso seguir... A veces de ilusión también se vive, y las vidas paralelas que percibimos a través de los sentidos o la imaginación, pueden ser tan ricas -o más- en sensaciones que la propia realidad. Un placer escribir para Vds.

martes, marzo 13, 2007

"EL CAMARERO DEL AMOR"


El camarero del amor siempre sonríe. Por la mañana, cuando la gente pasa camino a la playa cargada con sillas, sombrillas y demás artículos de baño, suele estar asomado a la puerta de su local, bien limpiando los veladores de la pequeña terraza o bien mirando simplemente.

Sonríen sus labios y sus ojillos entrecerrados también. El uniforme, impecable. Camisa blanca y pantalón negro, impolutos, y el mandil de color burdeos a juego con la decoración del bar.
En realidad no recuerdo el nombre del restaurante. Desde que se instaló frente al bloque de pisos donde está ubicada la vivienda veraniega de esta familia, dimos en conocerle con ese cariñoso apelativo –al restaurante y al dueño-, ¡El Camarero del Amor!

El tipo es simpático y siempre está contando alguna anécdota. Presume de tener una vasta cultura –y parece que no le falta, desde luego, sabe bien lo que se dice-; tiene a gala afirmar que los mejores productos que hay a diario en el mercado son para su restaurante; según él, todo lo que se ofrece en el menú está hecho artesanalmente, desde el pan hasta el café que tritura a diario grano a grano, pasando por las salsas y los daditos de menestra que, por más que nos diga, tienen un asombroso parecido a los de las bolsas de congelados, pero bueno... La decoración del sitio también es cosa suya, y asegura que los cuadros de las paredes los compró a un pintor que se los hizo en exclusiva para él, costándole la broma poco menos que los ojos de la cara. Lo cierto es que, si el paisano al principio resulta pintoresco, pasado un rato empieza a cargar. Es verdad que no es un camarero vulgar y corriente, tampoco se trata de un charlatán, más bien es un filósofo. Pero después de tomarte unos macarrones aliñados con su correspondiente tomate –casero, hecho por él-, su queso parmesano –naturalmente, rallado por él-, y una copita de vino – que, por supuesto, se encarga de comprar a un cosechero de no sé donde, que lo embotella en exclusiva para él tras vendimiar y prensar unas uvas criadas a sus propios pechos-, salpicado todo ello por la incontinente verborrea de su progenitor gastronómico, acaba uno con unos confesables –sí, sí, confesables- deseos de proponerle un ultimátum, “o se va Vd. ahora mismo o nos largamos nosotros, porque esto no hay quién lo aguante”.

¿De dónde viene entonces lo de camarero del amor? Muy sencillo. Además de ser, por lo que hemos observado, el más íntegro, coherente, limpio, etc, etc. de todo el cuerpo de hosteleros de la Comunidad Valenciana, el tío es un D. Juan y un infatigable adulador para las damas que, a poco sensibles que éstas sean, amén de comer en el plato, terminan comiendo de su mano en menos tiempo de lo que tarda en santiguarse un cura loco. Mi madre no ha podido dejar de sucumbir a sus encantos, tanto es así, que llegó un punto en el que era poco menos que incuestionable que el menú exhibido a diario en su panel era el mejor de todo el barrio con diferencia. De manera que, a regañadientes la mayoría de las veces, y por no quitarle a ella ese pequeño “capricho”, nos hemos visto conducidos todos los miembros de la familia detrás de la mamma cual recua de mulas, para aguantar pacientemente la ralladura del queso y la ralladura del tipo ese.

Siento nostalgia de la playa, hace mucho que no voy. El año pasado no estuvimos por asuntos de salud familiar. Nunca sospeché que algún día llegara a decir esto “¡¡Cómo echo de menos al Camarero del Amor!! ¡Lo que daría por ir a verle ahora mismo!! ¡Viva mi playita, viva el Camarero del amor!!

lunes, marzo 12, 2007

LE PIDO MIL DISCULPAS, SR. BLOG.



Querido Sr. Blog:
Por la presente le comunico que me persono de nuevo ante Vd. con aquel firme compromiso, que ya adquirí en su momento, de proporcionarle el sustento, si no diario, al menos frecuente -un día sí y el otro también-. Compromiso que me he visto obligada a eludir últimamente, no tanto por la excesiva carga que soporto en el ámbito laboral como por la sobredosis de actividades que “debo” asumir en el terreno lúdico.
Espero acepte mis disculpas por tenerle a dieta, pues estoy segura sabrá entender que una servidora, además de atenderle a Vd., tiene que trabajar en un hospital –a turnos, con nocturnidad y alevosía-; llevar a cabo sus obligaciones domésticas -familia, mascotas, la casa, la compra, el psiquiátrico, y no es una metáfora, oiga…-; prestar un poquito de atención a los colegas –para que no se mosqueen, me retiren el saludo y dejen de llamarme y de leernos a Vd. y a mí-; tomar esa cañita diaria después del ensayo –que no hace daño y es diurética-...

...ultimar y estrenar el par de montajes teatrales en los que humildemente colaboro –“La bella Dorotea”, de Mihura y “Los pintores no tienen recuerdos”, de Darío Fo, qué puntazo ésta última, cómo se rió la gente y, modestia aparte, qué bien nos quedó-; acudir al conciertazo de Fito del viernes pasado -¡estuvo superior, Sr. Blog, qué entregado ese Fito y qué manera de hacernos bailar como peonzas-; escribir de vez en cuando y hacer alguna que otra foto -para evitarle a Vd, en la medida de lo posible la muerte por inanición, o, lo que es peor aún, la vergüenza y el oprobio de ser el blog con más pinta de anoréxico de todo el ciberespacio-; estrujarme la sesera para lograr crear algo, infructuosamente la mayoría de las veces; responder a los amables tertulianos –ya amigos- que exponen y derraman su dosis diaria de ingenio por los distintos blogs; desarrollar una infinita paciencia para afrontar las adversidades diarias –que no son pocas-, y generar un suplemento adicional de imaginación para hacerme perdonar, por allegados y amigos, mis continuas impuntualidades y/o falta de atenciones; reintentar por enésima vez leer un libro entero y de tirón, a ser posible que me dure su lectura menos de seis meses…et-cé-te-ra, et-cé-te-ra, et-cé-te-ra.


Como ve, Sr. Blog, lo de su ayuno no es cosa de capricho, tampoco se trata de una penitencia ni de estar en tiempo de Cuaresma. Le invito a que aproveche la coyuntura para ponerse en forma y lucir un cuerpecito esbelto y juncal ahora que se nos acerca la primavera. Pues…pensándolo bien, con la llegada del buen tiempo, a la larga nómina expuesta ahí arriba, habrá que añadir el paseíto diario con Pachi por la orilla del río, los baños de sol en la terraza para ponerme morenita, tal vez desempolve la bici por aquello de hacer piernas, alguna excursión tralarí tralará…¡en fin!

martes, marzo 06, 2007

APOSTILLANDO EL ARTÍCULO ANTERIOR


Creo que me he expresado mal en la entrada que hice ayer sobre las modelos a juzgar por algún comment. Da la impresión de que cargo contra ellas y además las insulto. Líbreme Dios de tal cosa, lo último que quisiera ser en esta vida es vulgar y mezquina.

Me preguntaba sobre el tipo de criterio que utilizan los entendidos a la hora de baremar si una modelo es madera de estrella o no. Ante la estupefacta e ignorante mirada de una servidora, en la pasarela son todas iguales sin excepción -igual de guapas, altas, delgadas, jóvenes...-

De hecho se les exige un canon de peso, estatura y medidas y, cuando pasan una colección o tendencia, van maquilladas y peinadas de un modo semejante. Por lo tanto no veo de qué manera pueden destacar o diferenciarse entre sí los empleados de un oficio en el que son utilizados solamente como perchas humanas, de hecho creo que les impiden cualquier tipo de expresividad facial para que la atención del potencial comprador ÚNICAMENTE recaiga sobre la indumentaria que lucen.

Si en ningún momento se les permite lucir ninguna otra aptitud, salvo las comunes y exigidas para la función que desempeñan (aspecto físico y saber caminar cruzando los pies sin caerse), ¿qué tiene que suceder para que un día salte a los medios el nombre propio de una de ellas? ¿qué ha de hacer de especial la paisana? ¿pesar cuarto kilo más o menos? ¿cruzar las piernas hasta dejarlas enredadas como las de un faquir...?

En NINGÚN CASO he querido decir que no tengan cerebro o personalidad. Precisamente esos valores, que son los que realmente podrían diferenciar entre sí a los soldados de un ejército compuesto por hermosas esculturas, quedan relegados dentro de ese ámbito laboral a un segundo plano.

lunes, marzo 05, 2007

COMO LLEGAR A FAMOSA SIENDO MODELO

Hete aquí que hoy, escuchando las noticias de la tele, he oído algo que ha suscitado en mi una reflexión. Para variar, no se trata de ninguna de índole político, deportivo, económico, social o cultural. En realidad no sabría cómo clasificar esos espacios dedicados en los telediarios a los desfiles de modas. ¿Moda a secas...? Pues eso.

El presentador, tras comentar un pase de Vuitton, se ha puesto a hablar de una modelo en concreto. Perdonen Vds. que no recuerde su nombre. La chica es alta y delgada como su madre (pero no tiene bigote como su pa-dre- mo-re-ná- sa-la-daaaá) – COMO TODAS-; es rubia –COMO CASI TODAS-; tiene largos cabellos –COMO CASI TODAS-; es muy joven –COMO TODAS- y se contonea cruzando los pies peligrosamente, uno delante del otro –COMO ABSOLUTAMENTE TODAS-.
La modelo para hacer su trabajo no tiene que abrir la boca ni decir nada –COMO NINGUNA-; no tiene que aportar ideas, se lo dan todo pensado -COMO EL RESTO DE ELLAS-; no es necesario que muestre, o deje de hacerlo, su nivel cultural –COMO NINGUNA-; simplemente tiene que seguir una serie de instrucciones igual que una autómata, dejarse acicalar impávida igual que una estatua y ejecutar unos movimientos disciplinados, amén de llevar a cabo unos hábitos de vida semejantes a los de un soldado espartano –COMO ABSOLUTAMENTE TODAS LAS DEMÁS-.

¿Me quiere decir alguno de mis cientos y cientos de lectores, lo que diferencia a esas señoritas entre si, para que, de vez en cuando, salte el nombre de una de ellas a la palestra y esté en el “candelabro”? ¿Qué han visto de especial en la modelo esos ojos de halcón, que se empeñan en dotar de vida y personalidad propias a una jovenzuela de menos de veinte años, estando condenada como está, a carecer de ideas, expresividad facial, libertad de movimientos, hábitos de consumo, criterio y autoridad sobre la propia imagen...etc, etc.?

No se interprete mi reflexión como una crítica hacia la profesión de maniquí ni sus procedimientos, pero resulta chocante cuando menos, que de un oficio cuya esencia es anular la personalidad del empleado para convertirlo en una hermosa estatua -clónica a otro par de docenas de estatuas que conforman un desfile-, se nos quiera hacer creer que “ha nacido una estrella” por arte de birlibirloque. ¿Con qué fin?

Una servidora no quiere ser mal pensada, pero no le queda más remedio que serlo. ¿Que una conocida firma o unos grandes almacenes, por ejemplo, precisan para su próxima campaña de invierno un rostro bonito, famoso y millonario, a ser posible...? No hay ningún problema. Se introduce la mano en la chistera, y entre las “cienes y cienes” de modelos que hay dentro, cual si fuera una liebre, se extrae una bonita brasileña, rusa, lituana o lo que sea... se le infunde un soplo de vida, se le adorna con un exótico apelativo y un abultado currículum que suele remontarse a su tierna infancia – porque aún no le ha dado tiempo a la pobre a tener otro...-, se le hace una buena campaña mediática en revistas, carteles y televisiones –hasta en el “parte” de las tres, ya lo ven-, y en menos que se santigua un cura loco ya tenemos la imagen que, en la próxima temporada, nos saludará -auspiciada y bendecida por alguna marca comercial- desde unos enormes cartelones callejeros y paradas de autobús. Y la chica, por supuesto, tan contenta... pues además de forrarse, resulta que ¡¡está viva!!!

LAS AMIGAS DE LA DOROTEA


Domingo 4. Aún estoy asimilando el evento de la tarde de ayer.

Temprano, el sábado por la mañana empiezan los ejercicios de calentamiento. A las cinco de la tarde más o menos, hora taurina por excelencia, arranca el viaje iniciático desde mi casa hasta el Centro Cívico con un morral de cuero marrón colgado al hombro, una bolsa con ropa en una mano y un paraguas en la otra.

Trato de no estar nerviosa, es más, me autoconvenzo de que no lo estoy.

Hace una temperatura muy agradable y la tarde está soleada, dicen que esta noche habrá un eclipse de luna... no lo sé, nunca le he prestado demasiada atención a esas cosas astrales, me pillan un poco lejanas y me vienen demasiado grandes.

Por fin llego al lugar indicado. Se están ultimando detalles, prácticamente está todo a punto. Me ubico y dejo las cosas en el sitio correspondiente. Paseos arriba y abajo -esos nervios... -, tomo una pastilla, parece que empieza el dolor de cabeza y no quiera el demonio que... Aún no hay nadie ahí enfrente ¿qué tal se nos oirá?

Se acerca el momento, hay que vestirse y transformarse en "la otra". Cada cual se relaja a su manera, a mi me da por cantar La Campanera a grito pelado ( Ayyy, Campaneeeera...), incluso alguien se anima y me sigue.

Golpean con los nudillos en la puerta, ¡vamos, toca salir ya! Nos colocamos ante la rampa de lanzamiento, apretamos fuertemente nuestras manos para infundirnos ánimos, y en nuestros estómagos sentimos algo parecido a lo que debe ser tirarse en paracaídas.

Se abre el telón. Una potente luz nos deslumbra y estoy por decir que, providencialmente, impide que veamos lo que hay al otro lado. Hace calor, un calor horrible, ya no hay marcha atrás... aaaah, se siente. Al principio con algún titubeo, pero más tarde confiadas, "las amigas" le vamos soltando a La bella Dorotea una larga retahíla de improperios, hasta que un poderoso D. Manuel nos invita a abandonar el escenario.

Ya solas, entre bastidores, nos fundimos en un nervioso abrazo. Por hoy, hemos solventado la papeleta con eficacia. El jueves, en la próxima actuación, Dios dirá -y el público también-.

jueves, marzo 01, 2007

MARCANDO A LICHTENBERG

"A un hombre le dijeron que el alma era un punto, y él replicó que porqué no un punto y coma, ya que así tendría una cola."

"En la casa donde vivía, había aprendido a distinguir el timbre y la afinación de cada uno de los peldaños de una vieja escalera de madera, asi como el ritmo con que los pisaba cada uno de los amigos que venían a visitarme, y debo confesar que temblaba cada vez que aquella escalera ascendente era interpretada por un par de pies en una tonalidad para mi desconocida."

"Un amigo mío solía dividir su cuerpo en tres pisos: la cabeza, el pecho y el bajo vientre, y muchas veces deseaba que los inquilinos de los pisos superior e inferior llegaran a entenderse mejor entre sí."

"Si a un hombre juicioso se le puede dar un golpe y atontarlo, no veo porqué a un tonto no se le podría dar otro y volverlo inteligente."


(Aforismos, G.C.LICHTENBERG)


Ayer asomé a la puerta y tuve un mal día. Hoy, simplemente, no me he querido volver a asomar.

( Donde me dejas, me encuentras, kasi_siempre)