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martes, enero 29, 2008

VENTA A DOMICILIO

Tras oír sonar el timbre, abrió la puerta y le miró, primero con sorpresa y después con fastidio.
-¿Otra vez usted? ¿No le he dicho por activa y por pasiva que no quiero verle más? Que no me hable, que no me mire… ¡que se muera, hombre!!
-Verá. Es…esta vez vengo a ofrecerle algo distinto.
-¡¡Fuera de mi casa!!¡¡Lárguese!!
-Pe…perdone. Escúcheme un momento: hoy no traigo aceite, ni miel, ni patatas, ni seguros ni máquinas de coser. Mire…mire.
Agitó entre sus manos, haciéndola sonar, una bonita caja de regalo de enorme tamaño, forrada en llamativos colores.
Tal vez fuera eso la causa, los colores del envase. Lo cierto es que el hombre se vio picado por la curiosidad.
-A ver… ¿qué trae hoy?- Lo dijo en tono de perdonavidas, pero realmente se sentía fascinado por el objeto.
-¿Puedo pasar?- Sugirió el vendedor. En realidad cuando lo dijo ya estaba en medio del hall.
-Sí…sí, claro.
El vendedor, yendo un poco más lejos todavía, apuntó con la mirada hacia la sala de estar.
-Estaríamos más cómodos ahí ¿No cree?
El dueño de la casa, con gesto ceñudo, le invitó a pasar.
Colocó la caja sobre la mesa y con aire triunfal levantó la tapa. En su interior tan sólo había un elemento: un libro encuadernado en piel con letras doradas.
-Mire… “El amor en los tiempos del cólera”, de García Márquez. Un buen libro. ¿Qué le parece?
-Me parece bien, pero resulta que ya lo tengo- Lo dijo sin ocultar cierta desilusión.
-¡Imposible!
-Pues no, es más, tengo casi todas las obras de García Márquez. Ahora váyase y no me haga perder más tiempo.
-Insisto. No creo que tenga un libro como éste. ¿Conoce el argumento? Habla de una historia de amor preciosa y…
-¡¡Le he dicho que no lo quiero!! Ya está bien…- Y como si le hubiera dado un arrebato repentino, empezó a rebuscar libros febrilmente entre las estanterías.
El vendedor reparó en un carrito dispensador de bebidas que había en un rincón de la estancia. Se acercó, tomó un vaso ancho, seleccionó con la mirada entre varias botellas, y al final eligió la más cara, un Cardhu Reserva de doce años del que se sirvió un par de dedos. Después se fijó en una caja de puros que había sobre el aparador, tomó un imponente Cohiba, lo olisqueó con fruición igual que un sabueso, arrancó un trocito del extremo con los dientes, y prendió el cigarro con un encendedor de adorno que simulaba un revólver.
El dueño de la casa se acercó a la mesa cargado de libros, miró al ocupa con cierto estupor, y, algo más que mosqueado, se dispuso a mostrarle el género.
-¿Lo ve? “Cien años de soledad” en varias ediciones, “El coronel no tiene quién le escriba”, “Crónica de una muerte anunciada”, “Los funerales de la Mamá Grande”, “El otoño del patriarca”, bla, bla, bla… y también “El amor en los tiempos del cólera”, edición de bolsillo.
-Psche… edición de bolsillo, letra pequeña, tapa blanda. No me sirve. ¿No tiene otra cosa mejor, hombre?
-Pues…

El dueño de la casa escrutaba la pila de volúmenes con gesto dubitativo, rascándose la cabeza, mientras el forastero, con el ejemplar de bolsillo en una mano y la copa en la otra, sopesaba la calidad del tomo con desdén.

-En fin, como comprenderá yo ya dispongo de ese título en edición de lujo. Lo que usted me muestra no le llega ni a la suela del zapato. De manera que no tenemos nada más que hablar.

El vendedor soltó el vaso, apretó el puro entre los dientes, parpadeó repetidas veces para evitar el humo en los ojos, y con las mismas, guardó dentro de la caja todos los libros que había encima de la mesa excepto el suyo. Después, sin mediar palabra, le colocó al dueño del piso la voluminosa caja en el regazo, le cubrió los hombros con una chaqueta y le condujo hasta la puerta de la calle.

-Ya sabe, cuando tenga otra cosita mejor que ofrecerme vuelva por aquí. Buenas tardes.

Cerró suavemente dejando al dueño de la casa en el rellano del piso.
Éste, aún con cara de estúpido, miró a derecha e izquierda, dudó, dudó más, dejó la caja en el suelo, se atusó el cabello y se colocó el nudo de la corbata. Después, con renovada energía, pulsó el timbre del vecino y, cuando abrió, le ofreció la obra completa de García Márquez por un módico precio. En realidad parecía un buen hombre.

jueves, enero 24, 2008

CORAJE




"Levantarte del suelo cuando has caído, tirar del carro hacia adelante, y no arrojar la toalla frente a la adversidad, el desprecio o la humillación, no son necesariamente sinónimos de cobardía. Muy al contrario: son gestos indicativos de orgullo y de raza, de amor propio y pasión, de coraje y de una enorme voluntad de querer hacer que las cosas cambien..."

El preparador físico deambulaba, dando vueltas arriba y abajo por el vestuario, con las manos hundidas en los bolsillos del pantalón. Mientras, iba desgranando y derramando sus pensamientos en voz alta, con la secreta esperanza de que cayeran sobre terreno fértil y germinaran.
Sentado en un banquillo y enfundado en un batín de raso, la joven promesa del boxeo ocultaba su rostro sollozante entre unos aparatosos guantes negros. Su nariz sangraba profusamente. Desde una legua, sin gozar de vista de lince, cualquiera podía apreciar que la tenía rota. De entre los bordes abiertos de un corte en una ceja, se le iban escapando la sangre y el valor a partes iguales y a borbotones. De pronto, se liberó de los guantes, los arrojó al suelo con rabia, se incorporó en el asiento y, de un brinco, llegó hasta la puerta cerrándola de un sonoro portazo.
Con esa rápida maniobra no pudo evitar que la sangre siguiera fluyendo y huyendo de su cuerpo, pero al menos sí consiguió impedir que el valor se fugara de su alma y escapara por debajo de la puerta del vestuario disfrazado de falsa dignidad.

lunes, enero 21, 2008

EL CANDIDATO


Yo siempre lo había pensado: “este gato mío sabe latín, qué listo es... " Pero no tuve la total seguridad hasta aquel día en que le vi subido en el púlpito de la iglesia, arengando a toda una legión de topillos:

-“Mirad...es mejor para vosotros que os vayáis del campo por las buenas y dejéis en paz los cultivos de los labriegos. No sabéis muy bien cómo se las gastan, son muy brutos. A cambio yo os ofrezco seguridad y protección, no os faltará ni la comida ni la vivienda, tendréis garantizada la atención sanitaria, el subsidio de desempleo, jubilación, educación –si os interesa-, y todo ello...¡sin trabajar! Si me dais vuestro voto, prometo llevaros a un desván -que está justo donde yo vivo- y me comprometo a trabajar para vosotros, por conseguir ese estado de bienestar que os merecéis y os está negando el actual alcalde...”-

Elegante de arriba a abajo, impecablemente vestido y luciendo una vistosa corbata, apoyaba sus manos con poderío sobre la balaustrada del púlpito, mientras una chispa de codicia brillaba en sus ojos.
Las próximas elecciones municipales estaban al caer. Mi gato se presentaba arropado por una formación política de perfil progresista. Los sondeos le auguraban una mayoría absoluta en detrimento del Flautista de Hamelin, actual alcalde y representante del partido conservador, que no estaba nada dispuesto a ceder la alcaldía para dejar el futuro del pueblo (labradores versus topos) en manos de un felino rojo y peligroso.
Presintiendo que la cosa iba a estar difícil para él, el flautista deambulaba como La Zarzamora: "afilando su flauta, llora que llora por los rincones."

sábado, enero 19, 2008

CARICIAS


Hoy por la mañana he decidido plantarle cara al frío, ponerme la chupa de cuero, las botas y salir de casa corriendo. Paso por la peluquería, dicen que para esta tarde, pero esta tarde no puedo. Entro en otra, lo mismo. A la tercera va la vencida. Qué quieres, me dice, qué voy a querer, un corte de pelo. Aviso y el que avisa no es traidor, aunque suene a una amenaza lo quiero bien corto y de punta se lleve o no, me da igual. Y Corta, tris, tras, tris, tras... Mientras, veo caer la nieve –tímidamente, eso sí- a través de la ventana, no va a cuajar eso lo sabe un tonto, que estamos en Pucela, hombre por Dios. Y yo me dejo hacer, es tan fácil... la peluquera se aprovecha de mi debilidad y me aplica una especie de pomada en el cabello, se está jugando la vida, que a mi nadie me pone pomadas ni pegamentos capilares, qué manía, dice que el producto es bueno y poco adherente, no sé, la cuestión es que aquí se está tan bien... Me gusta que me atusen el pelo y me acaricien la espalda. La señorita, por lo pronto y por lo que le pago, sólo me revuelve el cabello con los dedos. Ahora busco quien me acaricie la espalda. Pagando aunque sea.

jueves, enero 17, 2008

LA ESCALERA CELESTIAL



La mujer recorrió varias ferreterías y tiendas especializadas en el ramo, buscando aquella escalera que se ajustara a sus necesidades. No logró su objetivo. En todas partes le ofrecían escaleras que, en el mejor de los casos, podían llegar a medir diez o veinte metros de longitud, pero de ningún modo le aupaban hasta el cielo para poder asomarse a ver las estrellas que se esconden tras las nubes como era su deseo.
Le hablaron de un tipo muy sabio que tal vez pudiera ayudarla. No se lo pensó dos veces y fue a verle. Cuando le dijo el motivo de su visita, el hombre reflexionó unos segundos y, tomándola por los hombros, apretó su boca contra la de ella hasta dejarla sin respiración. La mujer empezó a forcejear, pero los brazos vigorosos del sabio la inmovilizaban con fuerza, mientras una mano rápida y lasciva como ella sola, se colaba bajo la ropa y le palpaba espalda, caderas y pechos.
Finalmente pudo zafarse del abrazo del oso. Limpiándose la boca con el dorso de la mano, le escupió con rabia un ¡asqueroso! Entonces descargó con fuerza un puntapié contra los genitales del hombre.
El tipo aulló de dolor, se protegió la zona dolorida con ambas manos, y le dijo:

-“Usted quería subir y acariciar las nubes ¿no? Pues ha de saber, que siempre que he besado a alguna mujer me ha asegurado haber tocado el mismísimo cielo con los dedos. No entiendo qué puede haber ocurrido…”-

-“¡Cerdo! ¡Ni he visto ni he tocado el cielo, sólo he visto un cerdo volando, un repulsivo y nauseabundo cerdo!”-

-“Pues permítame que insista, es muy raro. Ambos estábamos juntos y usted no habrá visto las nubes, pero yo le aseguro haber visto hoy muy de cerca las estrellas”-

miércoles, enero 16, 2008

LA HEMORRAGIA

Ocurrió en medio de la cena de Nochebuena, justo cuando los espíritus de los invitados, alentados por los más diversos efluvios de origen etílico, se empiezan a mostrar juguetones y dicharacheros. Alguien derramó una copa de vino tinto sobre un mantel de hilo color blanco inmaculado. La copa se rompió y murió a causa de una gran hemorragia, pues el vino, insolente y libre de ataduras, se extendió por el tapete llegando incluso a salpicar el traje impecable de unos de los asistentes.

Cada cual hizo su propia reflexión y tuvo una visión distinta del percance:
El creyente, en vez de vino, vio correr por el mantel la sangre de Cristo; el borracho lloró por la sangre de Baco; el vampiro, donde había un fragmento de fino cristal, sólo alcanzó a ver un fragmento del fino, delicado y palpitante cuello de su amada, desangrándose a chorros; finalmente, el abstemio al que le cayó una mancha de vino sobre su mejor camisa, advirtió con sorpresa cómo se dispersaba sobre la mesa la sangre del tipo ese que derribó la copa, sobre todo cuando el cuchillo que sostenía entre sus manos penetraba limpiamente en el tórax del torpe comensal.

lunes, enero 14, 2008

COMPONIENDO FRASES QUE SE ESCUCHAN EN LOS BARES



El compositor, en su afán por crear, siempre que iba al bar se encargaba de recopilar frases sueltas de cada tertulia a la que asistía como testigo mudo, como voyeur. Después, igual que un sastre, las hilvanaba, puntada a puntada, hasta configurar un traje que le sonara bien al oído.
De tal modo que si un día, en una mesa contigua se estaba hablando de toros, él diseñaba un vestido de luces con aroma a pasodoble; si se trataba de una pareja de enamorados prodigándose carantoñas y mensajes de amor, esbozaba un desnudo integral a ritmo de bolero; si hablaban de fútbol, tejía una camiseta a rayas con calzón corto al grito de alirón; pero si era un grupo de amigos, en el que unos a otros se robaban las palabras de la boca en medio de un gran jolgorio, hacía una improvisación de jazz en traje a rayas y una corbata manchada de ceniza con el cigarrillo que trémulamente el contrabajista suspendía de sus labios; si la disertación era sobre materia política, dibujaba un disfraz de camaleón para una partitura de música de tiovivo; y finalmente… si veía junto a la barra dos amantes mirándose con pasión, discutiendo y amándose, besándose y enfadándose a la vez, el artista editaba un tango vestido de riguroso luto, medias de seda con costura y pañuelo blanco anudado al cuello, aupado sobre el atril de un gran tacón de aguja.

sábado, enero 12, 2008

LA LETRA DEL HIMNO NACIONAL (Reflexión)



Por lo que anuncian los medios, parece ser que ya tenemos letra para nuestro himno nacional. Una servidora, como es un poco desaboría para estas cosas de los himnos y las banderas, no tiene mayor preocupación por el asunto. De hecho, podría pasar no sólo sin letra, estoy por decir que también sin himno. Pero puestos a tener… se me ocurre que hay un tema mucho más representativo que el propio himno (no nos engañemos, damas y caballeros, este tipo de composiciones, por lo que tienen de ancestral, suelen evocar aromas de lo más rancio…snif…snif… como, como… snif… a naftalina, ¡sí, eso es!). Yo estaba pensando ahora mismo en este otro, en nuestro singular, queridísimo y bailado, “Pakito el Chokolatero”.
No me digan a mí que este temazo no reúne las características esenciales para ser considerado todo un himno de pro: habla de fiesta, de gozar, de abrazos, de hermanos, de moros y cristianos unidos… Pero por favor, señores diputados, políticos, colectivos diversos… ¿a qué esperan para proponer una pieza como ésta, que es de lo más aglutinante, pacificadora y alegre para los pueblos?
Miren, les voy a convencer:

Punto Uno.- El nombre de Paquito sirve en cualquier comunidad autónoma fonéticamente hablando; pero si además tenemos el escrupuloso cuidado de escribirlo con K, estaríamos llevándonos al redil patrio a la población vasca más recalcitrante y euskalduna.

Punto dos.- ¡Habla de cristianos! Ahí tenemos una veta, qué digo una veta… un filón, del que poder conseguir adeptos fieles a la Iglesia (también la más radical y recalcitrante), que se verían incluidos en el pack iglesia-estado-ejército, como toda la vida se ha hecho, vamos… que una servidora no sabe por qué ahora no…

Punto tres.- Hace alusión a timbales, bandas, estandartes… ¡Ahí está!! ¿No se lo decía yo? Salió el Ejército (como Dios manda). Y otro colectivo que tenemos encantado de la vida, ya ven.

Punto Cuatro.-Es un tema popular, cantado e interpretado hasta la saciedad con su correspondiente coreografía, en toda verbena, fin de fiesta, boda, peña, evento que se precie. Lo baila todo el mundo: los niños, los mayores, los gordos, los flacos, los macarras, los pijos, los conservadores, los otros… Por lo tanto sería un himno creado expresamente por y para el pueblo. Y ahora que hablo de coreografía, paso al punto cinco.

Punto cinco.- Efectivamente. Los movimientos pseudosatánicos que acompañan a dicha canción, encierran ciertas connotaciones erótico-compulsivas que podrían servir tanto al colectivo hetero como al colectivo gay. Esos golpes de pubis que atizamos al compañero que, marcialmente, se alinea delante de nosotros en la fila, cuando se repite ese mágico estribillo: “Todos juntos EH!EH!EH!EH!... Más rápido EH!EH!EH!EH!... Todos juntos a saltar EH!EH!EH!EH!... Y más rápido EH!EH!EH!EH!EH!...”, no me digan que no harían la delicia de más de un caracol. Con lo cual, de una tacada, tendríamos contentos y en el bote a gays y lesbianas, que parece que no, pero ahí hay un buen pellizco.

Punto seis.- Chocolate hay en todas las regiones, desde Cataluña a Andalucía y desde Canarias a Galicia, sin olvidarnos de los excelentes chocolates que proceden del otro lado del estrecho, nuestras queridas Ceuta y Melilla, no olvidarse de ellas por favor.

Punto siete.- Como ven es difícil que otro tema congregue, hermane y piense en tantos colectivos como lo hace éste: Pueblo, Iglesia, Fuerzas Armadas, Gays, Lesbianas, Inmigrantes, de hecho fomenta el encuentro (apareamiento incluso) con otras razas, vean sino esta estrofa “los moros y los cristianos nos ponemos en posición”.

En fin, que podría seguir disertando y argumentando más razones para votar favorablemente por el Chocolatero, pero me tengo que ir porque estoy a punto del orgasmo (sí, sí, como lo oyen…) sólo de pensar en nuestros esforzados atletas, futbolistas, científicos, fuerzas armadas, qué sé yo… bailando y tarareando el Pakito. ¿Se imaginan a nuestro Monarca y familia, ante un desfile, improvisando junto a Don Mariano, Don José Luís, Don Alfredo, Doña Esperanza, Don Zerolo, Don Rouco Varela y demás autoridades, el Himno que yo propongo? A ver si no es para orgasmo… Aunque no termino yo de encajar esos golpes de pubis entre Zerolo y Varela, no lo veo, no lo veo… Varela no es el tipo de Zerolo .
Reflexionen. Buenas tardes, damas y caballeros.

jueves, enero 10, 2008

CON EL TRÉBOL A CUESTAS






Cuando yo era un niña –aún más que ahora-, recuerdo que mi abuela, una mujer de tez morena a lo Julio Romero de Torres, pero con cabellera de nácar, me decía siempre que jugábamos a la brisca:
-Nunca te dejes comer el tres por el as –siempre hablando del mismo palo, el que pinta-, procura descartarte de él antes de llegar a la última baza, si no lo haces así, verás qué mal te sienta que llegue alguien y te lo levante ante tus propias narices-.

Pues el otro día volvió a ocurrirme de nuevo. Guardaba el tres como si fuera un tesoro con toda la insana intención de asestar mi golpe de efecto en la última tirada, justo cuando se ponen las cartas boca arriba; de modo que, más que una tahúra, asemejaba a ese señor tan avaro que dibujó Molière, aquel que decía “mi arquita, quiero mi arquita...”

De pronto me di cuenta que aún faltaba de salir el as... ¡cielos! Titubeando, medrosa -y con rabia, como decía mi abuela-, más que lanzar, deposité delicadamente mi naipe sobre el tapete. El as se nos echó encima como una locomotora –a los dos-, engullendo acto seguido mi vulnerable pero orgulloso tres de espadas, que, no queriendo postrarse de hinojos ante nadie, sucumbió frente a tal alarde de poderío con la frente muy alta, adornando su cabeza con una ramita de perejil –como si fuera un trébol de la suerte-, diciendo:
-¡Cómeme! ¡Cómeme!... Y que te aproveche como a las palomas los perdigones.

martes, enero 08, 2008

CONTACTO




Quise probar. Eso es todo.
Yo venía observando desde hacía algún tiempo que ese tipo debía de ser un fenómeno en cuestiones erótico- placenteras, pues no había fémina que se le resistiera.
Todas ellas, al contactar con él y pulsar su “cosita”, vibraban. Sí, sí... como lo oyen, vibraban. Era un hecho objetivo y fácilmente contrastable que esas tías lo debían estar pasando de vicio, viéndolas estremecer de gozo y emitir unos sonidos guturales, gemidos, ronroneos, no sé... además de experimentar un ostensible incremento en su temperatura corporal.
De manera que un día probé suerte. Guardé riguroso turno detrás de la batidora, la plancha, la secadora y la tostadora eléctrica, hasta que por fin me llegó la vez. La cuestión es que así, en frío, sin ningún prolegómeno, me parecía de lo más heavy atacar sus partes íntimas. Total, me presenté y solicité su venia para proceder al asunto del toqueteo:

-Buenos días, caballero, me llamo Ana Casi Siempre, y soy una incondicional y rendida admiradora suya. ¿Sería mucho pedir que me dejara tocarle los agujeritos... ejem... usted ya me entiende...? Verá, siento una comezón que me devora, es más, no-pue-do con la zozobra.-

El paisano –con más labia que un don Juan, desde luego...- no me dejó terminar. Esbozó una sonrisa de oreja a oreja y exhibió “su cosa” abierto en pompa, dejándose hacer y procurándome toda suerte de facilidades.

De modo que sin más dilación, introduje mis deditos en ese sitio, y... ¿qué les voy a contar que ustedes no imaginen, mentes calenturientas y procaces donde las haya? ¡¡¡Convulsioné!!! Nunca había pasado por una experiencia similar, ¡ayyy..!
Desde aquel día mi vida cambió, incluso mi aspecto físico. Para que se hagan una idea, yo antes lucía una cabellera lisa y exenta de gracia; mi tez pálida recordaba el cutis de Margarita Gautier, aquella famosa Dama de las Camelias (¿o eran camellas? Qué lío, no recuerdo) y mis ademanes eran suaves (sosos). Pues ahora no, ya ven. Mi cabello está crespo y rizado, dicen que voy peinada a lo ”afro”. Mi cutis presenta un saludable tostado caribeño (achicharrado, según las malas lenguas). Y cuando me desplazo, lo hago con un gracioso y espástico vaivén, la mar de sandunguero, que algunos a mala baba lo explican como baile de San Vito, pero los amigos de verdad opinan que interpreto break-dance la mar de bien.
Estoy encantada, creo que me he enamorado de él. No me importa para nada tener que compartirle con “ellas”. Ni con “ellos”. No sé si les he dicho que su sex-appeal también atrae a los caballeros. Hoy hacían cola –con perdón- delante de mí, el secador de pelo, el aspirador, el portátil y el DVD. Lo que yo les decía, donde esté un buen enchufe... no hace falta kama-sutra ni cimbrel.

viernes, enero 04, 2008

¿CÓMO FUE TU NAVIDAD?


Amigo, cuéntame… ¿Cómo fue tu Navidad, qué me dices?
Cenamos perdices, altramuces, codornices, regalices, lombrices, nueces, varios arroces y maíces.
Disfrutamos de narices, marcamos directrices para evitar nuevos deslices, arrancamos de raíces las viejas cicatrices, susurramos “te quiero”, eso sí… con matices, y soñamos con sudar y gemir bajo las sábanas, haciendo el amor con chulos eficaces, sabias meretrices y etéreas actrices...
No frivolices, no es lo mismo.
Es verdad… hay chulos infelices, actrices que parecen fregatrices y putas igual que emperatrices.
En todo caso, te deseo larga vida, amigo, y propongo que, por aquello que tenemos, pero más aún por aquello que queremos, y porque todavía en muchos casos sólo somos aprendices, alcemos nuestras copas de vino, tiremos la casa por la ventana, nos sentemos en el bando de los locos, nos besemos –a escondidas por favor, esa luz…- en los labios, con besos tan fugaces como audaces, pero sobre todo tan feroces, y brindemos por conseguir llegar algún día a ser felices.
Pero… ¿qué me dices?
Que te la barnices, hombre. Que te la barnices…
¡¡Salud!!

martes, enero 01, 2008

EL EMBRUJO DEL CARMEN DEL SULTÁN


Como cada noche permanecía sentado sobre un diván en el interior de palacio. A través del amplio ventanal entraba la luz de la luna. Traía consigo mil y un sonidos procedentes del carmen: el agua de las fuentes chisporreteando y discurriendo a través de arroyuelos, o de pequeñas acequias que luego guardan un silencio eterno y sepulcral cuando un poco más allá van a morir a la alberca; las hojas de las enredaderas y de los árboles susurrando mecidas por el viento; los arrayanes que, suspirando de mal de amores, se acuestan perezosos junto a la tapia del carmen y se mezclan con aromas de diversas flores, azucenas, alhelíes, jazmines, galán de noche, nardos...
El sultán, completamente subyugado, con todos sus sentidos exaltados a flor de piel, se quedó profundamente dormido. Un libro cubierto de polvo sobre su regazo, esperaba impaciente la visita de Sherezade como todas las noches. Cuando no estaba ella, el pobre libro también se aburría, no en vano al Sultán ya se le había olvidado leer, pues prefería escuchar las historias de la propia boca de Sherezade. Esa noche ella no vino según su costumbre, sencillamente saltó del interior del viejo tomo, se despojó de la túnica, y arropada únicamente por la azulada luz de la luna, se dejó de cuentos y de milongas y le ofreció su cuerpo cálido y amable al Sultán. El libro murió de un orgasmo.