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jueves, noviembre 26, 2009

LA CHICA DE LAS PIERNAS BONITAS






La chica de las piernas bonitas acude a su cita,
el hombre, cuando la ve,
disimula como puede que se excita.
Intentan hablarse, decirse mil cosas
con atropello, con prisas,
pero el hombre acalla sus frases
con besos, boca contra boca,
sin dejarle espacio ni tiempo
para las palabras ni para las risas.
La chica de las piernas bonitas, bajo su abrazo,
como broca cimbrea su cintura
igual que una espiga de cebada rubia,
y se retuerce entre sus brazos
adoptando el gesto rizado de una pose barroca
o el borde ondulado de una hoja de coca.
El hombre la abrasa al mirarla
con ojos ardientes,
mirada brillante que, cual anzuelo,
se prende en su escote y se enroca,
se engancha a sus senos
como el arpón a la roca.
La chica de las piernas bonitas
se deja llevar a lo oscuro,
y cierra los ojos cuando la aprisiona
el hombre, entre un muro
y su cuerpo rotundo y viril,
antes blando, ahora duro.

lunes, noviembre 23, 2009

POTAMOLOGÍA





Tu amor viene a mí como clamor
de lluvia fresca que empapa mi cabeza,
y en contacto con la tierra
se torna fragüín sencillo de vadear
que discurre entre las piedras
vestidas de verde musgo,
hijas de una montaña.
En caída libre,
en cascada a través de mi garganta,
vierte como río que llega hasta mi pecho,
se adentra, encajona y excava un desfiladero.
El agua de este río, que es tu agua,
en lo llano se remansa y hace tojos,
pero busca el mar con desespero
remolineando cadozos tan profundos
que calan hasta el fondo de mi corazón.
Tu húmedo abrazo rodea mi cintura
dibujando la concavidad de un meandro,
y deja mi ombligo en medio, solitario,
como si fuese esa romántica mejana
que aguarda la llegada de la noche
para velar a los amantes.
Más abajo, casi en el mar, el horcajo,
sexo contra sexo,
mi río recibe el agua de tu río y se desborda,
formando un gran estero
lleno de vida y de barros,
de juncos y de limos,
de caricias y de mimos.

miércoles, noviembre 18, 2009

IGNICIÓN



Fuego, calor que me devora
y destruye mis entrañas.
Lumbre, pasión a cualquier hora
cuando me evocas y extrañas.
Hoguera, nave cálida
de mil kilómetros de eslora
que abrasa mi pubis con saña.
Llama, aquelarre con silueta de señora
y botas de mediacaña.
Brasas desde la noche a la aurora
y de la cuna a la guadaña.
Amor, ayer, mañana y ahora,
en el mar y en la montaña.
Ardor, impulso que no aminora
y se enreda entre mis muslos
como una tela de araña.


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domingo, noviembre 15, 2009

A CANGAS





El Güeña, el río sin dueña,
besa la frente al Sella, el río de “ella”.
A lomos de un jumento,
echando más de un juramento,
solicito a los musos
que de ideas me colmen
para que trabaje el numen
mientras yo visito el dolmen
y el puente romano,
que lo tengo a mano.
Así, bien a gusto, degusto
el queso, la miel y el orujo
cuando no esté el brujo,
y te pongo a escuadra
por sacar al prau a la vaca,
y guardar la oveya, el pitu,
el caballu y la cabra, juntos y revueltos,
en la misma cuadra.
Son cosas de trasgus,
de mitologías y de abracadabras.
Si suena la gaita me cala la puxa,
me muero de risa y se ríe la muxa,
cuando ve bailar al salmón,
al barbu y la trucha
esquivando el cebo debajo del agua.
Hay niebla en los Picos y sol en los lagos,
yo no me lo explico:
aunque no me muevo bajo sin enagua
cada vez que subo allí con mi novio,
un chico de al lado de Llanes, del mismo Celorio.
Caricias de lluvia al entrar a la gruta
donde está la Santina.
Mira que es menuda, menuda es, la Santina.
La de Covadonga hoy está que trina
y no es para menos,
en lugar de sidra le han llevado anís,
viviendo, como vive, en Cangas de Onís.

viernes, noviembre 13, 2009

QUÉ PENA…



Qué pena… tener un mar y no tener arena,
qué pena de amistad desperdiciada
guardada en alacena lo mismo que oro en paño,
y ahora, tras la cena,
mirando a través de la ventana,
me ofreces como postre el fruto de un triste desengaño
que mi corazón cercena.
Qué lástima de amor abandonado
igual que se abandona, putrefacto, un miembro mutilado.
Qué pena de lágrimas vertidas, de dolores de garganta
por hacer de dique de emociones contenidas,
por ponerle un tabique a mi boca,
que quiere gritar como una loca
tu nombre, para que esté callada.
Qué lástima pasear a solas con el alma
apaleada por sufrir, ya ves qué pena,
un millón de humillaciones en cadena.
Qué pena… tener horquillas y no tener melena,
qué aflicción más tonta siento al recordarte
cuando echo la vista atrás, al saludarte,
y encuentro, sin buscarlo,
señalado en la página de un libro,
ese tiempo tan perdido que camina de la mano
de toda la energía necrosada
que aún cabe en mi cuerpo adormecido.
¿Qué extraño velo pinta tu mirada
tan distinto del velo que yo luzco?
Pues no vemos nuestra historia igual, deduzco,
a juzgar por tu valiente retirada.
Qué pena… tener escamas sin ser una sirena.
Qué lástima si el castigo que merezco, amando,
es el filo del desdén,
las telarañas del olvido,
el orín que corroe el hierro de una reja,
el hielo que se instala debajo de una teja,
el nudo imposible en la madeja
o el moho que cubre la comida en la bandeja.
Qué pena… si por no morir amando
tienes que matar viviendo
para que vivas sufriendo, mientras,
poco a poco, lo bueno que hay en ti se va muriendo.

miércoles, noviembre 11, 2009

PRESENTIMIENTO




Está escrito en las paredes,
en los posos de café,
en las hojas de té,
en las rayas de la mano,
en las cartas del tarot,
en los signos del zodíaco,
en las huellas al andar,
en el cielo, en las estrellas,
en el fuego, en los números y sueños,
dados, letras, cristales, conchas
y cartas en general,
que tu destino es tuyo,
y el mío, a ratos, también.
Que tu cariño es mío,
y el mío, a ratos, es tuyo también.
Pero, ni las rumas,
la cafetomancia,
la tasseomancia,
la quiromancia,
el Tarot,
la astrología,
la piromancia,
la numerología,
la oniromancia,
la claeromancia,
la grafología,
la cristalografía, los buzios
y la cartomancia en general,
podrán adivinar
cuánto te echaré de menos
todos los días, a ratos, si te vas.

http://ana-erre.es/

martes, noviembre 10, 2009

LA DAMA OSCURA


USOS Y COSTUMBRES DE LA DAMA OSCURA


Si la Dama Oscura alguna vez se dejase ver por nosotros, pobres mortales, podríamos comprobar que su hábitat natural se encuentra en un rincón de un viejo café, junto a una ventana, frente a una mesa de mármol, una cerveza y unos cuantos folios en blanco. Allí está parapetada y semioculta tras la bruma que desprende la perenne combustión de un cigarro puro. Además observaríamos que mira con envidia y curiosidad, a partes iguales, cómo toman café cada tarde, juntos y revueltos, el amor y la juventud, fusionando sus labios, después de cada sorbo, en un largo, cálido y apasionado beso.
Pero hay más… fijándonos en cada detalle, veríamos asomar una lágrima palpitante a la ventana de su mirada, que se resiste a salir del todo, del mismo modo que aquél que sale a sacudir una gamuza de polvo y se oculta rápidamente para no ser visto, pero en este caso que nos ocupa es por no dar tres cuartos al pregonero acerca de la vulnerabilidad de su dueña.
La Dama Oscura, a través de los escritos que manchan de tinta sus folios, o tal vez invocando a alguna suerte de oráculo, trata infructuosamente de arrancarle palabras al silencio, que, reacio, se cierra en banda a soltar prenda y mucho menos a hacer cualquier tipo de declaración.
Ella ignora si fue primero el silencio y luego vino la palabra, o viceversa.
Tampoco conoce el alcance de lo que oculta el silencio tras sus exiguas pláticas, pues no sabe si lo que calla es en clave de mofa, vergüenza, conmiseración, admiración o espanto.
Lo que está claro es que el silencio, cuando habla, a menudo dice nada, salvo algún mensaje vacío de contenido que ella se encarga de llenar a golpe de imaginación y delirio quijotesco.
Harta de espiar parejas enamoradas que se besan en la boca, harta, por dicho motivo, de producir toneladas de saliva, cual hambriento ante un pantagruélico festín, y más harta aún de perder la juventud y las ilusiones, a chorros y a través de ese boquete tan tonto que la cruda realidad y el desengaño practicaron en su alma hace tiempo, termina de un trago su cerveza, se levanta y se aleja de allí sin mirar atrás, dejando una estela de humo y de olor a canela, soportando estoicamente el estruendo que produce el eco del silencio al carcajearse de ella ante sus narices, pisoteando sus propias huellas, y arrastrando, como bagaje de toda una vida, un carrito plagado de nostalgias, esperanzas muertas y frustraciones.





LA EXTRAÑA RELACIÓN ENTRE LA DAMA OSCURA Y EL HOMBRE INVISIBLE




Cuando uno puede ver lo que tiene delante, juega con ventaja respecto al que no ve nada, eso es evidente.
Y eso es precisamente lo que le ocurre al Hombre Invisible con respecto a la Dama Oscura. Él sabe exactamente dónde y cómo encontrarle a ella en cada momento, la Dama, por el contrario, es incapaz de verle a él ni tan siquiera en los días más claros y luminosos del año.
A menudo ella extiende sus brazos intentando estrechar al hombre dentro de ellos, tratando de aprisionarle para que no escape, pero él se muestra esquivo, y, juguetón, se desliza ágilmente dejándole a ella confusa y burlada. Otras veces ella solicita que le dedique algo más de tiempo, entonces el hombre le ofrece su reloj, pero como es invisible, igual que él, la mujer se queda triste, convencida de lo poco que ella representa en la vida de ese hombre.
La extraña dama no tiene pasado, y eso que todo el mundo piensa que sí, debe ser por tratarse de alguien que procede del mundo de las sombras y que vive sumida en la oscuridad.
En realidad sólo tiene presente y carece de cualquier indicio de futuro. El Hombre Invisible, que sí tiene pasado, conoce el de ella al dedillo, y sabe que es tan breve y anodino como un suspiro en la boca de una adolescente enamorada.
El hombre, cuando apenas era poco más que un adolescente, también suspiraba, y lo hacía concretamente por la Dama Oscura, quien a su vez, y entre otros fluidos, bebía los vientos por él.
Un día la Dama Oscura se bebió de un trago todo el viento frío que venía del norte y que llegaba cargado con los suspiros de su hombre. Al ingerir dichos suspiros, deglutió todo el amor que estaba encerrado dentro de ellos. Desde entonces ella vive perennemente enamorada, y exhala a través de su boca un aliento helador, un vaho repleto de partículas de cariño y pasión que cortan con su frío igual que si fuesen dagas.
La Dama Oscura cree que ésa, y no otra, puede ser la razón de que ya nadie le bese en la boca, ni tan siquiera el Hombre Invisible. Ella lo intenta de veras, se pone de puntillas para alcanzar el rostro y los labios de su imperceptible amado, pues si el amor en otros casos produce ceguera, a la Dama Oscura lo que le procura es una percepción sinóptica de él. No hay datos científicos que revelen la naturaleza de tal fenómeno, salvo que el deseo, la pasión y la imaginación todo lo pueden.
Cuestión aparte es que el Hombre Invisible, como corresponde a su condición de intangible, se diluya en la atmósfera, dejándole a ella con la boca apiñada en forma de corazón en espera de ese beso que nunca llega.


LA AUTOPERCEPCIÓN APLICADA A LA DAMA OSCURA Y AL HOMBRE INVISIBLE
(ensayo)


Pero a veces el problema que tenemos los humanos en eso de no llegar a conocernos a fondo, radica en una cuestión de percepciones de distinta naturaleza. Es decir: una cosa es cómo nos vemos a nosotros mismos ante un espejo, otra muy diferente es cómo nos ven los demás, y otro aspecto alternativo es, partiendo de cómo nos percibe el resto de la gente, construir nuestro propio modelo y llegárnoslo a creer, aunque no coincida con el patrón que nosotros teníamos previamente hecho. Lo más probable puede ser que ninguno de los tres casos expuestos esté en posesión de la verdad.
De ahí que la Dama Oscura, cuando se enfrenta al espejo, se vea a si misma como una pequeña mancha negruzca, inquieta, nerviosa, que se mueve en todas direcciones igual que una ameba y sin rasgos identificativos y concretos de su aspecto, pero lo que está claro es que la mancha está ahí, desafiante y premonitoria de malos agüeros, cual grajo. Ahora bien, si ella tuviese en cuenta la actitud del Hombre Invisible, pudiese dar en pensar que es invisible también, pues él no la ve, o hace como que no la ve, con lo cual se le plantean serias dudas acerca de su perceptibilidad. No es raro que, a días, no sepa ni quién es, y tan pronto se sospeche como Dama Boba, Dama de Elche, Dama de las Camelias o la Dama y el Vagabundo.
Por contra, el Hombre Invisible se mira al espejo cuando se afana cada mañana en trazarse una raya al medio en un cabello que no existe, como él, y, muy ufano, constata que es invisible y allí no hay nada, salvo el ancho espacio que separa el cristal del espejo de la pared opuesta de la habitación, lo que le llena de dicha y orgullo, pues su trabajo y su dinero le ha costado llegar a obtener tal condición –por si no lo saben, el barniz de tono invisible es un artículo carísimo y difícil de encontrar en los mejores establecimientos de pintura-.
Claro que… en el fondo no está tan seguro, a tenor de lo que transmite la Dama Oscura, no sólo no es un ser inmaterial e incorpóreo, si no que se desliza por la vida con un enorme neón en el pecho, una luz de emergencia sobre su cabeza y una sirena que va anunciando su llegada, cual Arcángel San Gabriel. La Dama Oscura, esa arpía perspicaz, perseverante y tenaz, es capaz de detectarle en un radio nunca inferior a doscientos kilómetros a la redonda, razón por la que nuestro hombre llega a pensar que de Invisible sólo tiene el apellido, y al igual que le ocurre a la extraña dama, tiene serias y profundas crisis de identidad, autoapreciándose a veces como Hombre Elefante, Hombre Araña, Hombre del traje gris, Hombre de Neardental, Hombrerodecopa u Hombre a secas.
Es complicado poner de acuerdo la visión que tienen los demás de nosotros, con la visión que tenemos de nosotros, nosotros mismos.


PERO… ¿QUIÉN ES EN REALIDAD LA DAMA OSCURA?


Pues en realidad la Dama Oscura es todo un caballero, ya sé, ya sé que suena raro, pero es así. De señora tiene lo justo, más bien poco, pero de caballero, y en el más amplio sentido de la palabra, tiene la honorabilidad y la lealtad, el arrojo, la discreción, los buenos modales y la elegancia. Si la pintoresca dama no fuese un personaje de ficción, y además perteneciese al mundo de los vivos, veríamos que reúne dentro de su personalidad un amplio abanico de paradojas: le gustarían de igual modo la filosofía que los garbanzos con callos, eso no quiere decir de manera alguna que intentase explicar la esencia del ser, el ente o la causa, a través de la figura de una leguminosa como puede ser el excelente garbanzo de Fuentesaúco, cada cosa en su sitio. Amaría la lectura y el boxeo; la sublimación del arte clásico y lo sublime del grunge, el rap y el hip-hop; le gustaría el orden y la disciplina pero detestaría los convencionalismos sociales, a pesar de estar fuertemente enraizada en la jerarquía social y lo "que conviene", eso sí, siempre a su pesar; sería de izquierdas y partidaria de legalizarlo todo: el aborto, las putas, las drogas, el tabaco, las bodas entre animales, entre curas, e incluso las bodas mixtas, por ejemplo, animales contra reverendos, monseñores contra bestias pardas, en fin, liberté, égalité, fraternité, que dicen los masones… Al ser una mujer de época y de armas tomar, se decantaría por el anarquismo puro y duro, y su político de cabecera sería Bakunin, en ningún caso los políticos de ahora, que, además de ser, muchos de ellos, unos chorizos impresentables, carecen del más mínimo poder de seducción hacia las mesas, y ya no digamos hacia las masas. Sería partidaria de la grafología y la cerveza, el tacón de aguja, las agujas en aceite, los vaqueros desteñidos y las vacas teñidas de rubio platino, preferiría el color negro, el jazz, el photoshop, Andy Warhol, Woody Allen, Joyce, Proust, la Woolf… y tan sólo le sería fiel a un hombre, a Sabina. Sé que la Dama Oscura les gusta por igual a todos ustedes: niños y adultos, señoras y caballeros, policías y ladrones, pero no se hagan ilusiones, ella no ha nacido ayer, en realidad ya no vive, murió de muerte violenta hace algún tiempo. La causa de su muerte se ignora, y ésta está rodeada de un oscuro halo de misterio, pero hay serias sospechas de que fue asesinada. Debió tratarse del crimen perfecto, pues jamás se halló dato alguno acerca del presunto homicida -en el mejor de los casos-, asesino -si nos ponemos alevosos-, ni del móvil del crimen, si es que se utilizó algún tipo de celular para acabar con su vida, vamos. Lo que sí les puedo asegurar es que su espíritu combativo deambula cada noche entre las sombras, y su corazón palpitante vibra de pasión bajo las alfombras, lugar elegido por ella misma para darle cristiana sepultura cada vez que barre, que es a diario, y ver si así deja de sonar, de latir y de llorar. Pero ni por esas. Cuando algún fantasma le pregunta si está enamorada, la dama siempre dice que a esa cuestión sólo responde en presencia de su abogado, entre otras cosas porque, estando muerta como está, tampoco sabría a ciencia cierta si es capaz de responder correctamente a dicha pregunta, o no.



BREVE SEMBLANZA DEL HOMBRE INVISIBLE


El hecho de ser invisible imprime carácter, qué duda cabe, sin dejar de lado un dato: la no presencia a menudo siembra la confusión entre el sujeto incorpóreo y su interlocutor de turno.
De entrada, cuando ante un evento social se presenta el Hombre Invisible, justo en el momento del saludo inicial, y al ser presentado, quién recibe y estrecha su mano jamás sabe si lo que está estrechando en realidad es su mano, su nariz o su rabo. Eso ya para empezar.
Si desaparece una cartera de un bolso, como es natural, todas las sospechas recaen sobre el Hombre Invisible, pero es difícil demostrar este término, aunque eso sí, lo es mucho menos cuando el ínclito hombre inmaterial camufla mal el botín sustraído, y la presencia de un portamonedas, caminando solo suspendido del aire, delata a su autor.
Si una señorita percibe con extrañeza que alguien le mete mano cuando sube en solitario en el ascensor, puede dar en pensar varias cosas:
a) Tengo sueños eróticos.
b) Me estoy volviendo loca.
c) Mi novena a San Antonio ha funcionado y se ha producido el tan ansiado milagro.
d) Anda cerca el Hombre Invisible.
Salvo el supuesto “b”, que es el más lógico y fiable, el resto de las opciones es difícil de probar, incluida la última.
En fin, como ven, en torno al Hombre Invisible se desarrolla todo un mundo de ambigüedades. Hay datos que apuntan a que es un hombre muy inteligente y de un extraordinario atractivo físico, dotado de un singular brillo en sus ojos, que convierte su mirada en una mirada tremendamente seductora; sea como sea, nadie se aventura a asegurar si nos hallamos ante un hombre de ciencias, de letras, un deportista, un músico, o todo ello a la vez.
De hacerse acreedor a un signo zodiacal, sin dudarlo sería un signo de aire, un Géminis, por ejemplo, cuya naturaleza siempre es volátil y algo etérea. Y no porque sus ideas no sean claras, qué va… pero aún siendo así, es un ser que vive preso de Eolo, y su voluntad, por férrea que sea, tiene la imperiosa necesidad de volar, por eso está dotada de alas que se pliegan a los lados, con el fin de que sus emociones no desprendan olores, no se muevan y no traspasen.
El Hombre Invisible y la Dama Oscura se conocieron cuando pasaron juntos una temporada en el averno. Congeniaron bien y hablaron largo y tendido como buenos camaradas, de la complicidad, del precio de los carburantes y de más cosas. Y si no se juraron amor eterno fue porque esa palabra es tabú en el diccionario bilingüe que confeccionaron a medias para empezar a entenderse, pero sí se juraron un libro eterno donde escribir y protagonizar una larga historia, a través de cuyas páginas pudiesen vibrar sus corazones, viajando en el espacio y en el tiempo, al compás del rítmico traqueteo de un fascinante y viejo tren que les llevase a vivir la aventura en común de un imposible viaje a ninguna parte.



CONCEPTO ERRÓNEO DE LEALTAD POR PARTE DE LA DAMA OSCURA



Lealtad (según el diccionario): Cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría de bien.La Dama Oscura a menudo peca de ingenua, cree en la lealtad. En la lealtad no se cree, la lealtad se practica o no se practica, eso en primer lugar. En segundo lugar, la definición más exacta de ese término tan abstracto que termina en –ad- es la siguiente: Concepto tonto que expresa la necesidad afectiva que tienen hacia otros semejantes, aquellas personas de extremada sensibilidad y bonhomía, amén de una candidez e inocencia superlativas, que les lleva a mostrar una firme e inquebrantable adhesión hacia dichos congéneres, sean estos merecedores de ella o no.Pero la oscura dama apenas sí sabe leer y escribir, lo justo para sacar un best seller de mierda al año, y así evitar que su editor se vea obligado a practicar la mendicidad para subsistir. De modo que el diccionario, en su caso, es una herramienta necesaria a la que tiene que acudir cada diez minutos aproximadamente, si quiere construir un par de frases seguidas con cierto sentido y sin una gran estética. De ahí que su concepto de la lealtad haya quedado obsoleto y circunscrito al austero marco de un diccionario de la lengua castellana, donde las palabras sólo son palabras, sin matices; donde los conceptos abstractos se definen con frases más abstractas todavía, que al final no vienen a decir nada. Si la dama fuese una mujer más culta e instruida, posiblemente hubiese desarrollado una mayor perspicacia para captar el verdadero significado de las palabras, y entonces hubiese llegado a una conclusión: lo que ella piensa que es una virtud que le adorna, la de ser leal, en realidad es un defecto que podría catalogarse como no muy serio, pero sí bastante ridículo para quién lo luce en su solapa, cual escarapela o clavel reventón, es decir, el de ser gilipollas.


APARECE TOTI EN LA VIDA DE LA DAMA OSCURA

La Dama Oscura tiene teorías para casi todo, la mayoría erróneas, pero ella las tiene guardadas en un cajón bajo llave, y de vez en cuando saca alguna para que se airee y, ya de paso, soltar dicha perla en cualquier reunión, más que nada por ver qué pasa… Entre otras cosas sostiene que el hombre, desde que es hombre y llegó al Paraíso antes que la mujer, íntimamente piensa que es la parte fuerte de los dos sexos, la parte dura. La parte dura puede que sí lo sea… a ratos sí, nadie lo pone en duda, pero también es verdad que hay señoras que hacen gala de una extraordinaria fortaleza, y llevan consigo una gran carga de valores intelectuales que, a veces, no siempre, asustan a los señores, quienes se ven desplazados y exonerados de cumplir con esa bíblica prescripción de ser el pilar que afronte el peso de la familia, de ser el báculo pensante y ejecutor en el que se apoye la mujer para pedir consejo y asesoramiento, y de ser el que siempre, por norma, sepa mejor qué coche conviene comprar.

Dicho esto, la dama, en su búsqueda incesante del Hombre Invisible, fue a dar con sus huesos a la orilla de un río, bajo un puente. Se instaló allí y, haciendo bocina con ambas manos, llamó reiteradamente al súper hombre imperceptible. Algo se movió entre el follaje, y lo que apareció tras él fue un gato, un hermoso gato blanco. Ella pensó que, sin duda, se trataba del Hombre Invisible debidamente camuflado, pues en ocasiones adopta distintos disfraces, como Mortadelo. De modo que se puso muy contenta y le ofreció comida y sexo gratis. El gato empezó por la comida, y pronto dio buena cuenta de un par de latas de paté de atún. Cuando la dama empezó a desvestirse, el gato le paró los pies, se dejó de ronroneos y de frotarse contra sus piernas, y por primera vez le habló con voz más de hombre que de felino:

-Eh… tú… que yo sólo soy un gato, cierto es que soy Catedrático de Lógica Aplicada a las Matemáticas, pero vamos… la minga la tengo de gato… lo que se dice de gato, y de Hombre Invisible, nada.

La mujer, ya liberada hasta del tanga, lo sostuvo en el aire con gesto estúpido igual que si estuviese balanceando un tirachinas. De pronto se abrieron decenas y decenas de ventanas, dentro del follaje, y aparecieron decenas y decenas de gatos entonando una canción del verano, en plan coreográfico, que venía a decir más o menos así:

-No es tu hombre, no es tu hombre, vístete, vístete, es un gato, es un gato, vístete, vístete…

La Dama Oscura, recibió la humillación como quien recibe un honroso galardón, la guardó en el cofre de las humillaciones –otra más, pensó- y se la tragó como pudo ayudándose con una cerveza.
Después se vistió sin prisas pero con pausas, mientras el minino caballerosamente se giraba de espaldas para no verla. Cuando acabó, se subió a lomos de su escoba supersónica para largarse de allí. Antes de irse miró al gato con extrañeza:
-¿Cómo te llamas?- Le preguntó.
-Toti- dijo él.
Ella soltó una carcajada.
-Toti… vaya nombre para un Catedrático de Lógica Aplicada a las Matemáticas, deberías llamarte Aristóteles.
-¿Y de dónde crees que viene lo de Toti…?- Le preguntó el gato con semblante muy serio.
-Volveremos a vernos, Toti, vendré a pedirte ayuda cuando decida cambiar de escoba-
-Sí… podemos quedar un día- respondió él con aire displicente, muy Bogart, y se dejó envolver por el humo del hermoso caliqueño que estaba encendiendo.


LA DAMA OSCURA RECURRE A TOTI


La Dama Oscura regresó al mismo lugar, bajo el puente, en busca de Toti, el gato parlante además de Catedrático. Lo hizo con la firme esperanza de que él le ayudase a encontrar al Hombre Invisible; hay que considerar que un gato de esas características no es fácil de hallar, en realidad es una joya, pues aparte de sus vastos conocimientos de Lógica, el felino le mostró, una vez metidos en intimidades, que también es un gran experto en lenguas clásicas, dominando el latín en las distancias largas y el griego y el francés en las cortas.
Cuando la dama llegó al sitio indicado, introdujo pulgar e índice en su boca, doblando la lengua hacia arriba con habilidad, y emitió un largo y estridente silbido. El gato apareció prestamente subiéndose la cremallera de la bragueta, como si hubiese sido sorprendido haciendo sus necesidades.

-¿Qué quieres ahora?- Le espetó con brusquedad.
-Vengo a que me ayudes a buscar al Hombre Invisible, pareces un gato inteligente, poco común, creo que puedes ayudarme.
- Gracias, pero te equivocas. No te dejes deslumbrar jamás por el brillo de una Cátedra, en realidad la conseguí cuando murió mi dueño, todo un filósofo; el hombre vivía solo, no tenía familia ni heredero alguno, de modo que heredé su plaza en la Universidad. Pero no tengo ni puta idea de Lógica ni de Filosofía, y mis conocimientos de griego y de francés, naturalmente y como ya sospechabas, los adquirí dando tumbos de burdel en burdel.
-Jajaja… es igual, me sigues pareciendo un gato especial, Toti, te diré más… si fuese gata me volverías loca, completamente loca.
- Me gustan las mujeres como tú, Damaoscura, me gustan así, sí…
-¿Cómo…?
-Me gusta que muestren firmeza, que sean independientes, decididas y valientes… por fuera… pero que sean blandas por dentro, que su alma sea de crema o de trufa y se funda al más mínimo contacto con una fuente de calor. Prefiero las que no lloran… por fuera… pero se deshacen en lágrimas por dentro. Prefiero las que no pierden los papeles y se muestran sorprendentemente serenas y elegantes… por fuera… pero tiemblan como hojas y se emocionan con un simple detalle, por dentro.
Me gustaría ayudarte, pero estos casos de desaparecidos e invisibles yo no los controlo muy bien. Tendríamos que recurrir a una amiga mía, la Gnoma Duval, que antes de ser gnoma trabajó como primera vedette en el Folies Bergère, pero desde que se retiró de la pasarela, por culpa de una mala pisada, se dedica al tarot, la quiromancia, la videncia, la evidencia, y, cuando no tiene qué comer, a la mangancia sin violencia.
-¡Qué bárbaro! Y todo porque pisó mal…
-Bueno, en realidad no fue ella quién pisó mal, fue el elefante malayo que se escapó de un circo y que irrumpió bruscamente en el lavabo donde ella se estaba realizando, precisamente en esos momentos, unas abluciones bajeras. Le pisó con tan mala fortuna, que su metro ochenta de estatura se vio considerablemente reducido a la altura de una mesilla de noche. Visto que ya “no daba la talla” como chica de revista, le indemnizaron con un pony, una tienda de campaña tipo iglú y la última colección de modelos de la Barbie Zorrón, y así le pusieron de patitas en la calle.

La Dama Oscura empezó a procesar rápidamente la información suministrada, y sus ojos mostraron un extraño brillo, una especie de inusitado destello de alegría que rápidamente tradujo en palabras el gato Toti.

-Damaoscura, sé lo que estás pensando… y no… no es él. Piensas que tu hombre Invisible se camufla detrás de cualquier cosa: tras las rocas, en el interior de una concha marina, en una latilla de anchoas, en la funda de un paraguas, en la persona de una gnoma lisiada... pero no es así, se trata tan sólo de tu imaginación. Suponiendo que el Hombre Invisible exista, suponiendo que demos con él, es mucho suponer además que él vaya a permitir ser visto. Por ti, quería decir.

Y se fueron en busca de la tal Gnoma Duval.



DE CÓMO LA DAMA OSCURA DISPONE DE MENOS DE SEIS DÍAS PARA HALLAR AL HOMBRE INVISIBLE




La tal Gnoma Duval, como ya había señalado Toti, era sumamente pequeña. No obstante, pese a su fragilidad y diminuto tamaño, aparentaba ser una mujer de ademanes rotundos, de armas tomar. Su presencia resultaba inquietante, pues no se movía con rapidez como las ardillas, que es lo que podía esperarse de ella, sino que se desplazaba con absoluta calma y parsimonia, y sus movimientos eran lentos, elásticos, flexibles y armoniosos, pero tan seguros y decididos como los de un felino dispuesto a abalanzarse sobre una presa. Estaba semidesnuda, un exiguo taparrabos cubría sus partes pudendas, dejando a la vista el resto de su anatomía infantil, una anatomía sin forma alguna. Viendo el cuerpo enjuto que lucía, nada hacía pensar que ese triste muslo de pollo que recubría cada fémur, otrora fuese el apetitoso muslamen de una vedette de revista, nada. La pitonisa, o lo que fuese eso, fumaba todo el rato, fumaba sin parar, unas veces fumaba en pipa; otras, se liaba un peta morrocotudo que se metía entre pecho y espalda, acompañándose de una pinta tostada, mientras de fondo se abría paso como podía la voz de Bob Marley o de Manu Chao… La extraña gnoma al hablar arrastraba las palabras como si pesase cada una de ellas una tonelada, y sus ojos vidriosos y levemente enrojecidos, se intuían, más que verse, entornados tras el humo del tabaco de turno.

Les recibió sentada en el suelo, sobre un cojín, estaba rodeada de plantas, algunas de ellas se veía claramente que eran plantas de marihuana.
Hechas las presentaciones pertinentes, Toti, el gato catedrático, le solicitó una calada del porro que ella sostenía entre sus dedos. Se lo pasó, y con un gesto desdeñoso de la mano le indicó que se lo podía fumar entero si quería, de modo que el gato no se hizo de rogar, se puso cómodo sobre otro cojín, y pasado un rato empezó a ronronear como un descosido.

-De manera que quieres que te ayude a buscar al Hombre Invisible- le preguntó a la Dama Oscura.
-Sí, eso es… él dice que tú puedes ayudarme- Miró en dirección al gato buscando su aprobación, pero éste ya roncaba profundamente.
-¿Por qué quieres encontrar a ese hombre, si se puede saber?
-Es importante que lo encuentre. Significa mucho para mí, demasiado. Además… dispongo de poco tiempo, menos de una semana. Si no logro encontrarlo antes del domingo que viene, desapareceré, será… como morir, eso es. Y me cerrarán la página que tengo abierta en fotolog. Se trata de una maldición, una especie de mal de ojo.
-Caramba… pues si que es seria la cosa, sí… lo de morir pase, pero que te cierren la página de fotolog… qué fuerte…- Respondió pensativa la Duval.
-Figúrate. Tienes que ayudarme, he de hallarlo como sea antes del domingo que viene.

La gnoma se puso en pie, se vistió con una bata blanca, de un blanco radiante -parecía una doctora-, se calzó unas gafas de ver, y sacó un recetario similar a los de la seguridad social. Se puso a escribir en él. Cuando terminó, se lo extendió a la Dama Oscura.

-Bien, lo único que puede lograr que aparezca ese Hombre Invisible que dices, es una pócima mágica que tenemos que fabricar, y con ella realizar un conjuro. Los ingredientes están especificados en la receta, hay cosas que puedes adquirir en droguerías y farmacias, pero hay otras más difíciles de conseguir, son necesarias, tendrás que hacerlo.
-¿Ccmo qué…?
-Debes subir a una montaña muy alta donde existe un hermoso lago, ha de ser en un día soleado, allí verás una cabra albina, bien, pues debes arrancarle un mechón de pelos de la barba y me lo tienes que traer junto con el resto de los ingredientes que te he señalado en ese papel.
-¿Y si no hay cabra albina…?
-¡Pues la buscas, coño, la buscas! ¿Tú quieres a ese hombre…? ¿Necesitas dar con él? ¡Pues busca esa puta cabra! ¡¡No debes permitir que te cierren el flog…!!- aulló la gnoma fuera de si.
-Está bien, está bien, no te enfades, gnoma, encontraré a esa cabra y le arrancaré los pelos, y si hace falta que le arranque al Yeti los cojones…¡ se los arranco también!
-Así me gusta, Damaoscura, jajaja, con arrojo y decisión. Venga, el tiempo corre…
-Es verdad, sólo dispongo de algo menos de seis días-

La Dama Oscura se dirigió apresuradamente al gato Toti y le zarandeó con fuerza, el animal se desperezó primero y bufó después, pero la Dama Oscura le amenazó con arrearle con su paraguas y entonces el gato la siguió mansamente.

-¿Se puede saber dónde me llevas?- preguntó el minino, aún somnoliento.
-Nos vamos a los Picos de Europa, ponte las botas de montaña y ropa de abrigo, anda.

Y se fueron, dejando a la Gnoma Duval enfrascada en la lía de otro porro.





LA DAMA BUSCA A LA CABRA ALBINA
(Sólo le quedan cinco días)



Resoplando por el gran esfuerzo realizado, la Dama Oscura y Toti se encaramaron en la cumbre más alta que encontraron. El gato, secándose el sudor con el dorso de la mano, le preguntó a ella, enfurruñado:

-Y digo yo… ¿por qué no hemos subido hasta aquí en coche como hace todo el mundo?
-Hijo, hay que ver qué quejica eres… deberías subir ligero como un gato, más si tenemos en cuenta que eres Catedrático…
-Ya estamos con eso…
-Venga, vamos…- dijo la dama.

Dijo esto al verificar que ante sus ojos se encontraba el stand informativo de la Oficina de Turismo. Les habían dicho antes de emprender el ascenso que, al llegar a la cumbre, una encargada de Turismo les podía informar acerca de la cabra albina. Y allí estaba. Se trataba de una mujer menuda, embutida en un traje de tirolés al que sólo le faltaba el sombrero con la pluma, que lucía una breve cabellera de un rutilante color rojo.
Ambos se acercaron al stand, que no era otra cosa que un puesto de castañera al aire libre en plena montaña junto a un hermoso lago.
Saludaron educadamente y la Dama le preguntó a la del pelo rojo:

-¿Es usted la encargada de informar?
-Bueno… me llaman La mujer que todo lo sabe, por algo será…
-Quería saber cómo puedo acceder a la famosa cabra albina.

La pelirroja arrancó un ticket de un talonario y se lo extendió a la dama.
-Son cincuenta pavos.
-¿Cómo…? ¿Cincuenta euros por decirme dónde está la puta cabra albina?- Dijo casi gritando la dama.
-En fin… si empezamos a faltar y con exabruptos, la cosa se encarece en veinte euros a mayores…
-Perdone, perdone… no quería ofender, pero es que me parece un poco caro. Tenga- abrió el portamonedas y le ofreció un arrugado billete de cincuenta. Prosiguió.
-Ahora, dígame… ¿cómo puedo localizar a esa maldit…a esa cabra?
-Malamente, las cosas como son. Se ha teñido el pelo con unas mechas anaranjadas, y apenas destaca de las otras cabras…
-¿Eeehh???-
-Pero si pone las manos en forma de bocina alrededor de la boca, y grita así: ¡¡¡ALBINAAAAA!!! La cabra aparece mansamente igual que un perro.
-¡Coño! ¿Y para esto hay que pagar cincuenta euros?
-Setenta con el coño.
-Lo siento.
-En realidad usted paga una información que no tenía y que yo le he facilitado ¿no? La información es ésta: gritando su nombre, la cabra viene.
-Jodeeerrrr…
-Noventa si además jode tanto…

A todo esto, el gato merodeaba alrededor de la pelirroja vestida de tirolés, calibrando sus curvas y sus rectas.

-Dígame…hummm… ¿dijo que se llamaba…?
-Soy la Dama Oscura.
-Qué hermoso nombre, dígame Damaoscura… ¿por qué tiene tanto interés en encontrar a la cabra albina?
-Todo el mundo me pregunta porqué, porqué, porqué… a mi la cabra me la suda, pero necesito arrancarle unos pelos de la barba para hacer un conjuro y que aparezca mi Hombre Invisible.
-Claro, claro… lo que yo suponía, la razón más frecuente, sí…
-Menos guasa, es muy importante para mí, lo digo en serio. Si él no aparece antes del próximo domingo, de algún modo moriré, pues desapareceré, ya que también me convertiré en invisible. Además, amo profundamente a ese hombre, aunque no sé muy bien porqué.
-Y le cerrarán su página en fotolog- apostilló Toti, el gato, que inexplicablemente se estaba bañando en colonia con un perfume carísimo que llevaba guardado en su anorak, y se aplicaba en las fauces un spray contra el mal aliento
-Bufff… qué fuerte lo del fotolog- dijo la mujer que todo lo sabe.
-Otra igual que la Duval… a mi lo del fotolog me da lo mismo, lo que quiero es ver de nuevo al Hombre Invisible.
-Sí, eso debe ocurrirle a más gente, sin duda…
-Adios, mujer que todo lo sabes, gracias por tus ánimos. Vamos Toti, busquemos a esa cabra.
-Estooo… yo casi que me quedo aquí- dijo el gato, relamiéndose, sin quitarle la vista de encima a la pelirroja.
-Tú te vienes conmigo, canalla… ¿también quieres abandonarme tú? Sólo me quedan cinco días de estar aquí si no consigo que Lord Invisible asome por algún lado, si no aparece pronto os dejo en paz a todos en breve…

Asió furiosa al minino por el pellejo del lomo, y lo sostuvo en el aire, alejándose con él de allí a grandes zancadas. El bicho bufaba y se agitaba balanceándose como un muñeco de trapo, y mostrando sus uñas, a la vez que lanzaba alguna frase malsonante e irreproducible.



POR FIN LA DAMA OSCURA ENCUENTRA A LA CABRA ALBINA
(Le quedan cuatro días para que se cumpla el maleficio y pierda al Hombre Invisible, la luz y el flog)



Fue entonces cuando el gato y la Dama avistaron a lo lejos un nutrido hatajo de cabras que pastaban encaramadas sobre unos riscos.
Antes de lanzarse a vociferar como una loca el nombre de Albina, la Dama reflexionó durante unos instantes. Lo hizo en voz alta. A diferencia de otras veces, el gato no se mostró sarcástico y burlón, por primera vez en unos días manifestó su lado más tierno y entrañable para con la dama.

-¿Crees que aún será posible, Toti?- Preguntó ella.
- ¿El qué…? ¿Que aparezca tu Hombre?-
-Sí, me pregunto si todo esto servirá para algo, sólo faltan cuatro días…-
-No lo sé, la verdad… He de decirte lo que pienso, Damaoscura, la cosa no consiste sólo en que tú desees que él aparezca y vuelva a ti, el problema está en que él desee regresar, y eso ya no está tan claro. Debes estar preparada para ello si llega el momento-
-Piensas que él no va a venir ni con conjuros ni con nada… ¿verdad?- Una lágrima furtiva asomó al balcón de su mirada, después hizo un amago de sorberse los mocos y prosiguió:
-La verdad es que no estoy preparada para eso, jamás estaré mentalizada de que nunca volverá a formar parte de mi vida, aunque sólo sea un poco.

El gato le acarició suavemente el cabello y la atrajo hacia si, intentando que ella apoyase la cabeza sobre su hombro, cosa que no consiguió, pues los hombros de los gatos, como todo el mundo sabe, son muy estrechos y poco acogedores.

-Mi “yo” gatuno te animaría a seguir luchando y a no dejar escapar la presa que te enamora por muy invisible que ésta sea; mi “yo” filósofo te aconseja que lo dejes pasar y que no sufras, pues no te lo mereces…
-Ya, pero te recuerdo que hay un maleficio de por medio que dice que en el cómodo plazo de cuatro días, si no aparece el Hombre Invisible, yo también desapareceré…
-…y tu fotolog…-
-¡A fotolog que le den por culo! Lo que quiero es que aparezca el Hombre Invisible…
-Está bien, pues vamos manos a la obra, grita fuerte a ver si una de aquellas cabras es la nuestra…

La Dama Oscura gritó el nombre de Albina, y su eco resonó lejano, entre las montañas, repitiéndose una y otra vez… bina, ina, ina, ina, na, na, a….
Efectivamente, en pocos minutos se presentó ante ellos una hermosa cabrita con mechones rojos que venía al trote.

-¿Llamabais?-

Ambos se miraron con sorpresa y alegría.

-¿Eres la cabra albina?- Preguntó la dama.
-Más o menos… en realidad soy tan negra como los cojones de un grillo, pero desde que me dedico a esto de la calle, me he teñido de platino y después me he puesto mechas. Los clientes me llaman Albina, por eso acudo al oír mi nombre… ¿qué se os ofrece…? Completos, lésbicos, sadomaso, tríos, lo que queráis…-

Ambos se miraron, ahora con estupor. El gato no pudo evitar una sacudida de calor, y se frotó las manos.

-Bueno, en realidad yo sólo quería que me prestases unos pelos de tu barba, es para un conjuro ¿sabes?- Dijo la dama.
-Está bien, pero no me cortes muchos, que esto del fetichismo me da bastante por culo, la verdad. Son sesenta euros.
-¿Cómo…? ¿Otra vez a pagar…? Pero si ya le he pagado unas tasas a la pelirroja de Turismo…
-Valiente sinvergüenza está hecha, ésa es una oportunista, ni es de turismo ni es de nada, menuda jeta tiene la tía… Son sesenta euros, es lo mismo que cobro por un servicio básico-
-¡¡Tú eres puta!!
-¡Bueno! A ver si vas a empezar tú también como los alcaldes de las grandes ubres… por aquí no hay colegios ni parques infantiles, no hay iglesias… no molesto…
-Querrás decir grandes urbes, se dice urbes…-
-Yo digo lo que me sale del chocho…- Y de un brusco ademán casi se sube las ubres a la boca -…y si me sale decir ubres, digo ubres ¿algún problema…?
-Está bien, no te enfades, qué carácter tenéis los de la montaña, hija… toma el dinero y deja que te corte esos pelos. Anda… ahora no tengo tijeras…-
-Ah, pues a mi no me los arrancas de tirón, espera…- La cabra buscó en el interior de su bolsito y encontró unas tijeritas de manicura.
-Por prestarte las tijeras son tres euros a mayores…-
-Está bien, terminemos de una vez, esto no parecen los Picos de Europa, esto parece Sierra Morena plagada de bandoleros…- refunfuñó la dama mientras le cortaba un generoso mechón de pelo.
-Oye, Damaoscura… ¿para qué necesitas hacer un conjuro…?- Preguntó la chiva.
-Si no aparece el Hombre de quién estoy enamorada, de aquí al domingo, además de perderle para siempre, me fagocitarán las sombras y jamás volveré a ver la luz, en realidad su recuerdo me ilumina.
-Y le cerrarán su página en fotolog- Apostilló Toti.
-Caramba- dijo la cabra –eso de fotolog parece serio…-
-A fotolog que le den por culo, yo sólo quiero que aparezca mi hombre translúcido… ¿cómo sabes que me llamo Damaoscura?-
-No hay más que verte. Te deseo mucha suerte, creo que la vas a necesitar.- dijo Albina, después emitió un balido y se fue trotando igual que vino.

La dama y Toti, el gato, emprendieron el descenso de la montaña a gran velocidad.

-Vamos, Toti, démonos prisa, hemos de regresar a la casa de la Gnoma Duval, pero antes tenemos que comprar el resto de los productos.
-Esa cabra…-dijo Toti.
-¿Qué…?
-Estaba buena, vaya tetas tenía, y tú qué prisas, jodía…



EL HOMBRE DE BRONCE Y OTRAS HIERBAS



Cuando llegaron a las faldas de la montaña, Toti y la Dama Oscura empezaron a echar cuentas de los elementos que aún faltaban para llevar a cabo el conjuro. Uno de dichos elementos era un ramillete de una variedad de brezo, la Carex Astúrica, que por alguna extraña razón se encontraba ubicada en un determinado jardín, el de un particular, concretamente el jardín pertenecía a un ilustre personaje, el Hombre de Bronce. Consultaron el plano adjunto que les facilitó la Gnoma Duval, y a través de él se percataron de cuán cerca se encontraban del palacio de dicho hombre.

-¿Lo ves…? No hay nada imposible, Damaoscura, según este mapa el palacio de ese fulano debe estar nada más girar esa curva, prácticamente lo tenemos todo… sólo falta que la Duval se emplee a fondo en el conjuro, y listo.
-No sé… déjame que dude, esa tipa… me da mala espina… ¿siempre está tan colocada como el otro día…? ¿Nunca está “normal”?
-Ella controla ¿eh? Puede fumarse una plantación entera de marihuana y beberse toda una cosecha de Ribera, que la paisana está siempre en sus cabales, desde el accidente del elefante parece haber quedado inmune a cualquier sustancia -tóxica o no-. Y digo yo… si la nota dice que el Hombre de Bronce es el Rey de la montaña, supongo que, estando en estas latitudes, debería tratarse de un ciclista ¿no?- Dijo el gato con gesto apesadumbrado.
-No… mira… debe ser ése de ahí.

La Dama Oscura señaló con el dedo hacia una imponente figura de bronce que se erguía a un lado del camino tras una verja. Parecía estar custodiando el palacio que se encontraba tras él, y en la peana que lo sostenía figuraba una inscripción en latín. El gato, conocedor de los clásicos, tradujo el texto con fluidez; efectivamente, la escultura correspondía a un rey.
La verja de hierro no estaba cerrada con llave, de modo que accedieron al patio del palacio. El Hombre de Bronce se apeó de la peana y se dirigió a los intrusos. Parecía sereno, imponía su presencia, pero por otro lado no daba muestras de hostilidad.

-¿Qué os trae por aquí?- La voz sonó cavernosa, parecía una de esas distorsiones de sonido que se utilizan para despistar.

Respondió la afectada:

-Bueno… en realidad venimos a por una muestra de una planta que al parecer se desarrolla en este jardín, es para hacer un conjuro.
-Ajá… está bien, hay que rellenar un formulario, venid por aquí.- dijo la estatua de bronce.

Ambos le siguieron como corderos hasta una mesita de madera bastante cutre que estaba habilitada junto a la peana. Digamos que dicha mesa hacía las veces del despacho de un funcionario.

-Vamos a ver… ¿nombre?- preguntó tomando un talonario y un bolígrafo.
-Da… Dama Oscura, me llamo Dama Oscura.
-¿Fecha de nacimiento?
-Nací cuando pude, ni antes ni después.
-Muy bien. ¿Natural de…?
-Ciudad de las Sombras, provincia de las Tinieblas…
-¿Profesión?
-No sé… como estoy muerta, supongo que ninguna.
-Vale, ponemos muerta… muer-ta, ya está. ¿Estado civil?
-Lo que toca.
-Ajá… ¿número de NIF…?
-Yo no tengo números, soy de letras…
-Dime, dime…
-Siempretequerré, y la letra de NIF es la z
-¿Con qué objeto se hace ese conjuro…?
-Me quedan tres días para encontrar al Hombre Invisible, el hombre al que amo, sólo ese conjuro puede hacer que aparezca. Si no da señales de vida antes de finalizar el plazo, regresaré a las Sombras y jamás volveré a verle ni a saber de él…
-Teniendo en cuenta que es invisible…
-Y le cerrarán el fotolog…- repuso el gato
-Bueno…- dijo el Hombre de Bronce – a fotolog que le den por culo… lo que importa es la persona.
-Eso, eso- Palmoteó la dama
-Intuyo que ese hombre te está vacilando, amiga, eso es lo que creo, jajajaa. Pues nada, hijos, son cuarenta euros del ala, jajajaja…- dijo la escultura. Y su risa retumbó sobre los muros de piedra del castillo, siéndoles devuelta con creces.
-¡Qué vergüenza…! Sale más económico visitar el Louvre, pues ya lo siento ya… con tanta tasa montañera me he quedado sin blanca, sólo dispongo de la Visa que… -
-No importa, tengo lector de tarjetas, no problem- respondió muy diligente el de bronce.

Efectuado el cargo, les invitó a pasar al jardín a por las ramas.

-Están en el invernadero, envasadas al vacío, cuidado no tiréis nada-

Resignados a soportar estoicamente los –ya- escasos avatares que les pusiera el destino delante, en pos del amor, tomaron, primero, las ramitas envasadas, y después las de Villadiego, saliendo de allí como alma que lleva el Diablo.



A falta de dos días para que se cumpliese el maleficio, nuestros esforzados amigos, la Dama y el Gato Catedrático, llegaron al corazón de la ciudad más próxima y grande que vieron. Consultaron de nuevo la prescripción que les había hecho la Gnoma, y se dirigieron a una farmacia a fin de adquirir el resto de los artículos precisos para llevar a cabo el sortilegio. Eligieron una que, por su aspecto anticuado y decimonónico, daba a entender que podía contener toda suerte de pócimas, jarabes, mejunjes y esencias necesarias para ejecutar rituales, algunas de ellas ya en franco desuso.
El local por fuera estaba construido en madera oscura, y por dentro, además de madera en el suelo y en las estanterías, contaba con una decoración en las paredes a base de azulejería talaverana, a imagen y semejanza de los tarros y envases que reposaban sobre dichas estanterías. Cada uno de esos tarros, aparte de su correspondiente tapadera con bolita, ostentaba en el frente el nombre en latín de la sustancia que guardaba en su interior. Allí dentro olía raro, era una mezcla a productos drogueros, farmacéuticos, linimentos alcanforados y naftalinas a discreción.
El boticario no le iba a la zaga al establecimiento, era un tipo de avanzada edad, con el cabello gris, escaso en la frente por decirlo con amabilidad, y unas desiguales guedejas que le colgaban sobre el cuello de la bata. La bata debió ser blanca alguna vez, pero cuando entraron la Dama y el gato, hubiesen jurado por Júpiter, de haberles inquirido alguien, que esa bata era gris, de un gris casi antracita.
El viejo moqueaba, parecía estar severamente resfriado a tenor del enrojecimiento nasal que presentaba, o eso, o era descendiente directo de algún pavo de corral…

-¿Qué desean?- Preguntó.

Damaoscura le tendió la nota con los ingredientes que había de dispensarles. El boticario se calzó las gafas sobre el puente de la nariz y leyó entre dientes:

-Humm… aceite de mirra, almizcle, incienso y sándalo… té de resina de Sangre de Drago… humm… aceite de Cinamomo, Benjuí, Almáciga y un poquito de Lavanda, Mandrágora, Adormidera, Beleño, Anises y una pomada para las hemorroides… bien, lo que es un lote para hacer conjuros, ni más ni menos…
-Oh…humm… ¿ya vienen lotes hechos para conjuros…?- Preguntó sorprendida la Dama.
-Claro… los productos para realizar conjuros vienen en cómodos kits-
-¿Y… y la pomada para las hemorroides… porqué?- Preguntó otra vez la Dama.
-Mujer… en todo conjuro siempre hay uno que da por culo y otro al que le dan por culo, eso lo sabe un lactante… ¿le asombra?-
-Noooo…no, qué va, llevo unos días en los que a decir verdad ya no me asombro de nada, he visto de todo-

El gato Toti se encaramó de un salto en una de las estanterías, y dio en pasearse junto a los tarros esencieros, frotándose voluptuosamente en ellos. De pronto, su rabo alegre y juguetón sacudió con más energía de la acostumbrada la tapa de uno de aquellos tarros, y la derribó al suelo, haciéndose añicos en un momento. El farmacéutico miró alternativamente por encima de los lentes al gato y a la tapa rota que yacía en el suelo, y dijo sin pestañear, a la vez que, impávido, seguía envolviendo los consabidos productos:

-Pues ya ve, señora, a mi lo que me está asombrando ahora mismo es su gato, qué quiere que le diga…-
-Natural- dijo ella –es poco frecuente encontrarse con un gato que hable y además sea Catedrático de Lógica aplicada a las Matemáticas-
-No- dijo el boticario, apretando con fuerza su dentadura postiza para evitar un mal mayor, a la vez que intentaba por todos los medios a su alcance, pero sin éxito, fulminar con la mirada al minino -si eso no me resulta raro, lo que me extraña es que, con la cara de listo que tiene, sólo sea catedrático en Lógica, yo hubiese apostado por un doctorado en Ingeniería Aeroespacial, en Física Cuántica y en Ingeniería Genética.

Detectando cierta hostilidad en el ambiente, el animal se apeó de la cornisa, por donde ya llevaba buen rato paseándose, y se refugió entre las piernas de la Dama Oscura a la vez que aprovechaba para mirar hacia arriba y verle las bragas.
La Dama extendió de nuevo su tarjeta Visa para afrontar el pago, y fue justo al firmar el ticket cuando el viejo farmacéutico le preguntó tímidamente:

-Por curiosidad… ¿a quién va destinado este conjuro?-
-Es para romper un maleficio y atraer al Hombre Invisible, de quién vivo eternamente enamorada. Si él no da señales de vida antes del domingo a las doce de la noche, las sombras me envolverán forever, jamás volveremos a encontrarnos, él y yo, en el espacio ni en el tiempo y…
-… y le cerrarán su fotolog- interrumpió el minino.
-Bueno- dijo el boticario –a fotolog que le den por culo, lo que importa realmente es que él aparezca, pero… sinceramente, amiga, creo que ese hombre la está vacilando. Le deseo suerte, la va a necesitar.-
-¿Dónde he oído antes eso mismo…?- Preguntó la dama ensimismada.

Anochecía cuando ambos salieron de la vieja farmacia. El ambiente había refrescado y se vaticinaba una hermosa luna llena que, posiblemente, aún tardaría dos lunas en llegar a llenarse del todo. Unas ancianas se retiraban presurosamente a sus aposentos. El gato y la mujer se miraron de refilón en el escaparate de la tienda cuando cruzaron por delante de él. No mediaron ni una sola palabra, pero los dos estaban pensando la misma cosa: parecía que hubiese pasado mucho, mucho tiempo, tanto, que se sentían prematuramente viejos, sobre todo la dama, quién, desolada, daba en pensar que su existencia estaba próxima a finalizar. Y lo peor de todo… aún no sabía muy bien porqué razón. Pues lo malo no es irse, lo malo no es que le larguen a uno de un sitio, lo malo no es el vacío… lo malo es ignorar la causa de todo ello.





La Dama Oscura y el Gato Catedrático enfilaron el camino que bordea el río. Iban raudos y veloces, como iban últimamente a todas partes. En esos momentos con más motivo aún, ya sólo faltaba un día para que expirase el plazo convenido y surtiese efecto el maldito maleficio con fatal desenlace para la dama. La hora “X” estaba próxima a llegar, había que ponerse manos a la obra con el conjuro a la voz de “ya”.

La semana había transcurrido con serena calma chicha, deslizándose suavemente, sin hacer ruido, pero sin pausa, digamos… que había sido una semana demasiado intensa. Los días habían pasado igual que discurría el agua de ese río que estaban viendo, justo el lugar indicado por la hechicera para llevar a cabo el ritual.

La ausencia de noticias por parte del Hombre Invisible hacía presagiar la peor de las noticias para la dama. Tras muchos años compartiendo silenciosos secretos con el imperceptible caballero detrás de los muros de un castillo imaginario, un castillo que ni siquiera ha existido ni existirá; después de tan largo tiempo elucubrando con un viaje imposible a ninguna parte, y de soñar mil aventuras llenas de complicidad y amor, plenas de amistad y de deseo, de solapado entendimiento, de intercambio de emociones y conocimientos, a falta de otros intercambios -de fluidos, por poner un ejemplo terrenal y práctico-, ahora llegaba el temido momento de decirse adiós, sin que la Dama, que es tanto como decir nadie, supiese qué extraña razón era la que urdía los hilos de ese maleficio que la iba a apartar de su hombre para siempre.

La Gnoma Duval les había convocado en un lugar neutral en vez de hacerlo en su consultorio. Prefería un sitio en plena naturaleza, lejos de cualquier influjo doméstico que pudiese desviar la atención de dioses, espíritus e invocados.
El emplazamiento a primera vista parecía perfecto. A ambos lados del río había una frondosa vegetación que se alzaba y crecía sobre rocas grises, rocas idénticas a las que reposaban en el lecho del río y que se vislumbraban a través de sus aguas transparentes y cristalinas. El río no era demasiado profundo, pero el agua se desplazaba rápidamente, haciéndolo en caída libre y formando pequeñas cascadas cuando se veía obligada a saltar por encima de alguna piedra más alta. Lo hacía en silencio, un silencio sepulcral pero acogedor, que de vez en cuando interrumpía el batir de alas de alguna grulla o los graznidos de un pato volador.
El sol se filtraba tamizado entre las hojas de los árboles, y ya fuese por la hora crepuscular, o por el tono verdoso amarillento del follaje otoñal, la cuestión es que la luz que emanaba de entre los árboles era completamente dorada. El entorno era precioso, bucólico, más propio de un refocile amoroso que de un conjuro semisatánico destinado a eliminar las malas energías, y a captar la presencia evanescente e intangible de un Caballero Invisible, nada menos…

Cuando nuestros amigos llegaron cargados con todos los elementos precisos dentro de un neceser con agravios, con la miel en los labios y, ya casi, hasta con escarcha en el pelo, detectaron que la maga aún no había llegado. Un estremecimiento sacudió a la dama, pues pensó que la cosa ya no empezaba bien. Pero se relajó, sólo de momento, cuando ambos miraron a lo lejos del camino y vieron que la Gnoma venía silbando una canción del último disco de Sabina, amén de venir dando tumbos de lado a lado del sendero. Digo se relajó la dama “sólo de momento”, y digo bien, pues de nuevo afloró en su alma una especie de agitada inquietud, no en vano empezó a cuestionarse varias cosas:

A) ¿Cómo es posible que esta tipa ya tenga lo último de Sabina si yo aún no me lo he podido bajar?
B) ¿Cómo es posible que de esta fulana tan borracha salga un sortilegio decente? Los espíritus al verla deberían asustarse, como poco…
C) ¿A qué espera el Hombre Invisible para extender su mirada oscura sobre este cuerpo serrano que le aguarda de manera incondicional…? ¿Al último momento…? ¿Tal vez piensa pasar de mi como de comer mierda…? ¿Permitirá que surta efecto el maleficio y me coman las sombras, en vez de comerme él, que sería lo indicado y procedente…? ¿¿Dónde coño te metes, Invisible…?? ¡¡Cuando te vea aparecer te arranco la cabeza, cabrón!!!
D) ¿Ganarán este sábado los colchoneros a los merengues? Espero que los colchoneros se porten y no desmerezcan de ese bizarro Móstoles que sacudió a esa peña de mariquitas de lujo, vamos, digo yo…


El gato, adivinando el silencioso cuestionario de la dama, añadió en voz alta:

E) ¿Te cerrarán el fotolog…?

La dama, recibiendo la pregunta a través de oídos y demás orificios, respondió en silencio.

-A fotolog que le den por culo, lo que importa es que aparezca mi querido, admirado, y nunca suficientemente ponderado Hombre Invisible… ¡ya!


Por fin llegó el ansiado día…o no, pues suele ser ansiado aquello que, creemos o esperamos, nos ha de llegar cargado de energía positiva, pero cuando intuimos que lo que nos sobreviene es algo negativo, preferimos aplazarlo indefinidamente o, mejor aún… que no suceda.
Nuestra Dama Oscura se sentía amenazada por más de un temor: por un lado temblaba ante la idea de que el maleficio fuese más fuerte que el conjuro y terminase por vencerle; por otro lado, temía a la Gnoma como a un nublado. En realidad no se explicaba cómo había sido capaz de dejarse embaucar así por un gato parlante y por una enana tan borracha como una cuba y más colgada que un murciélago. La cuestión es que ya no había escapatoria posible ni tiempo material para buscar otra solución. La pobre damita se sentía afligida por dentro y por fuera, de hecho, si su cuerpo hubiese sido una pantalla de rayos X, hubiese podido verificarse que su estómago estaba encogido y arrugado como una pasa, preso de la angustia y la desazón de pensar que los ojos de su dueña no iban a volver a contemplar jamás los ojos oscuros del Caballero Invisible, Lord invisible, para ser más exactos.
La gnoma, pseudomaga, pitonisa o lo que quiera que fuese aquello, llegó en completo estado de embriaguez y confusión mental; los ojos le brillaban extraordinariamente y sus conjuntivas estaban enrojecidas, tanto, que más parecían los ojos de un barbo que los de una ex-vedette del Folies Bergère.

-¿Haffbéis draído dodo…?- Preguntó.

El gatito y la Dama señalaron el neceser, que, ajeno a cualquier conflicto, reposaba sobre la hierba humedecida.
La pitonisa eructó ruidosamente, se tiró un pedo colosal, y después se inclinó sobre el cesto para ver su contenido, todo por ese orden cronológico. La evidente falta de equilibrio hizo que cayese de bruces sobre el cesto. El gato y la Dama, intentando mostrarse serenos, le ayudaron a levantar; cuando ya casi estaba erguida del todo, y aún en brazos de sus asistentes, se tiró otro pedo morrocotudo. La Dama ya no se pudo contener:

-¡Con esas campanas te entierren, bonita!! ¿Es así como piensas ahuyentar los malos espíritus, a pedo limpio…? ¿Qué clase de profesional de mierda eres tú, borracha, porrera, más que porrera…? Debería darte vergüenza, hemos cumplido escrupulosamente todo lo que nos has mandado, y ahora tú no cumples con tu parte. Me quedan sólo unas horas… no volveré a ver jamás a Invisible, la vida seguirá, sí, pero será mucho más triste, tendrá menos sentido para mí, sobre todo si tenemos en cuenta que volveré a las sombras, lugar de donde nunca tuve que haber regresado… ahora me arrepiento de haber salido de allí y de haber visto la luz, sé que en la luz hay un sitio para mi donde puedo ser dichosa, pero se me deniega el acceso, pues ha de ser junto a él o no ha de ser… Mi Caballero, a su modo, nunca me ha fallado, y hoy vencerá el maleficio, no habrá conjuro y yo… yo…-

No pudo terminar su frase porque prorrumpió en desconsolados sollozos. El gato, que merodeaba entre unos troncos de árbol tratando de dar caza a un ratón, suspendió la actividad y se acercó a su Dama, intentando ofrecerle un consuelo que no parecía cuajar en modo alguno. También la gnoma se vio afectada por la reacción de la mujer, reacción humana y lógica si tenemos en cuenta el problema generado. Como por ensalmo, recuperó la voz y, sobre todo, la compostura, comportándose con el rigor, la seriedad y la coherencia de una verdadera profesional del ramo de la brujería.
Abrió los paquetitos que iban incluidos en el cesto, uno por uno, y lo fue mezclando todo en una especie de olla, eso sí… no lo mezclaba de manera aleatoria, lo hacía en el taxativo orden que indicaba una extensa runa que venía labrada en una piedra plana. La piedra plana se activaba con un lápiz y una pantalla táctil, tipo PDA, y, entre otras cosas, disponía de teléfono, internet, agenda, Word y un completo software con varias aplicaciones más. Una vez en la olla, procedió a realizar un cocimiento, después prendió el contenido de la olla –si exceptuamos los pelos de la chiva, casi todo eran aceites esenciales- con una cerilla, y aquello empezó a arder igual que una falla. El ambiente se inundó de un olor acre, intensísimo, casi asfixiante. Ya había anochecido por completo; la luna, llenísima a rebosar, brillaba en lo alto y apuntaba buenas maneras. Tres pares de ojos estaban fijos sobre una olla ardiendo, inmóviles, sin pestañear… los efluvios aromáticos, el frío de la noche y el silencio, que se había instalado como un okupa entre los tres personajes, hicieron posible que la ceremonia se llevase a cabo con la trascendencia requerida; después, poco a poco el sueño se fue apoderando de nuestros amigos, sobre todo de la maga, aunque en este caso tuviese bastante que ver la tajada que llevaba encima. Permanecieron así dormidos un buen rato, apoyados unos en otros, sin diferencias de especie animal, de raza o de religión. El ulular de un búho les rescató del sueño, fue entonces cuando la gnoma vertió sobre el río todo el contenido de la olla que, naturalmente, ya se había apagado. Después le ordenó a la Dama:

-Falta poco para que sea la media noche, cuando suenen las doce tendrás que asomarte al río a ver qué ves en él… te deseo suerte de todo corazón, Damaoscura, me caes bien… pase lo que pase, créeme, he hecho cuanto sé para ayudarte.- dijo la gnoma entre algún que otro hipo residual.

La Dama, conmovida, les abrazó a ambos, al Gato y a la Duval. Cuando sonaron las doce se asomó al río, y lo que vino después fue…




…y lo que vino después fue que la Dama gritó alborozada al contemplar las oscuras aguas, mezclándose sus gritos de alegría con lágrimas de emoción.

-¡¡Está ahí, está ahí!! ¡El Hombre Invisible ha venido por mí!-

Movía los brazos y daba saltos, emprendía carrerillas, iba y venía igual que una niña con un juguete nuevo. Toti y la Gnoma, por más que miraban sólo veían la luna reflejada en el agua, ni tan siquiera sus rostros aspaventados aparecían en dicho reflejo.

-¿Es posible que no lo veáis…?- Decía ella -¿Cómo es posible…?-

Y se asomaba de nuevo al agua desde el pretil del viejo puente de madera, extendiendo sus manos como queriendo asir algo.

-No te asomes tanto- decía el juicioso minino – a ver si te vas a caer…-

-Ha venido. Ha venido el hombre más hermoso que he conocido jamás, y me mira con sus bellos ojos negros, me habla desde el fondo, me susurra cosas bonitas, me está diciendo que me ama… lo veis… ahora extiende sus brazos para abrazarme. Ha llegado luciendo sus mejores galas de caballero, como siempre, y me sonríe sólo a mí… no existe nadie más que yo para él-

La Gnoma, entre hipos, con los ojos medio entornados por los efluvios duraderos del alcohol y demás sustancias, se encogía de hombros sin entender nada, e iba de un lado a otro del puente dando traspiés, seguramente pensando que estaba peor aún de lo que estaba en realidad a juzgar por lo que estaba pasando, pues ella no veía hombre alguno, desde luego. El gato se llevaba el dedo índice a la sien dando a entender que su amita estaba como una regadera.

-Damaoscura, eres el Quijote en versión femenina, y lo que ves ahí no es sino agua, sólo agua y piedras, ahí no hay ningún hombre, salvo que aún esté en formato sapo-

-Te equivocas, Sancho- respondió ella muy seria –ahí está mi Hombre Invisible, lo que ocurre es que tú no puedes verlo, él sólo se me aparece a mi, en todo su esplendor, con toda su belleza e hidalguía. Las cosas demasiado hermosas y buenas sólo son aptas para aquellos paladares que las saben apreciar, Toti, lo contrario a esa idea sería como admitir que las emociones, la sensibilidad y el arte están al alcance de todos los mortales, y eso no es verdad, Toti, tú, que eres filósofo, sabes que es así.-

El gato asintió con cierta tristeza.

-En eso llevas razón, Dama… la sensibilidad no se adquiere como un saco de harina, y cuando no se dispone de ella es imposible percibir determinados aspectos de la vida que están ahí, bajo el aspecto de personas, animales, cosas… pero evidentemente están semiocultos, acechándonos y escrutándonos, inamovibles, como en letargo, esperando ser acariciados por nuestras miradas amables que, en múltiples ocasiones, vagan errabundas sin fijarse en nada más que en aquello que tienen delante.-

De improviso la Dama se despojó de su traje de época con ligereza y lo arrojó al agua, como si el vestido fuese la simple hoja de un árbol en fase otoñal, se giró ante sus amigos, que la miraban atónitos, se despidió de ellos lanzándoles un beso al aire, y se zambulló en las frías aguas del río.
A la Gnoma y al gato no les dio tiempo ni a emitir un quejido, se quedaron petrificados y abrazados sin saber qué hacer, más aún cuando vieron flotar su vestido, y más aún cuando más tarde vieron aparecer el cuerpo pálido e inerte de la Dama deslizándose río abajo con la sonrisa de una mujer enamorada pintada en su rostro.


lunes, noviembre 09, 2009

EMPEZAMOS BIEN...



Decía ayer... los principios en ocasiones son duros, pero ya no digamos los finales. Por no habalar de esos otros principios que le llevan a uno a tomar decisiones de las que, llegado el caso, puede arrepentirse un buen día.Hoy, dentro de todo lo malo, no es un mal inicio de semana. Puedo expresar mi enorme satisfacción por contar con mi flamante carnet de miembro socio de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, la cual, de manera objetiva, reconoce el carácter profesional a sus asociados, y ha tenido a bien abrirme sus puertas. Me siento orgullosa de compartir ese espacio con gente de la cultura como Luis Eduardo Aute, Nuria Espert o Francisco Nieva, por poner unos ejemplos.La publicación de mi segundo libro de poemas, SONAMBULISTAS, en http://anaerre.bubok.es/ ; el compromiso adquirido con La Buhardilla para exponer a partir del mes que viene mi segunda exposición fotográfica, más amplia y elaborada que la primera; y la puesta a plano del recital poético que me aguarda en enero, con la apuesta en firme de llevar memorizados mis poemas, y recitarlos de manera interpretada y dramatizada, decía... con todos estos proyectos a corto plazo, algunos de ellos ya hechos realidad, no puedo por menos de afirmar que este arranque no tiene mala pinta.


Buenos días.