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martes, agosto 31, 2010

TARDES DE ESTÍO SECO


Tardes de estío seco,
recuerdos sobremesa en una losa,
la elocuencia se derrama
y vuela, sutil,
como batir de alas de mariposa.

Tu nombre me evoca el eco,
dolor de espina de rosa,
la experiencia desparrama
de mano de la inocencia
y vierte, líquida,
como el agua que patina silenciosa
encima de una baldosa.

Mi alma se deshila por un fleco,
hilo que me ata a ti y a tu cama,
y doblega, temiente,
como amor adolescente
que se rinde ante una diosa.

lunes, agosto 30, 2010

TE DIGO A TÍ




Te digo a ti, ladrón,
moreno de ojos negros
que desvistes traje verde hierba de papel.
A ti te cuento sinrazones de quereres
y te encandilo con mis versos desatinos;
por ti, mi brindis al dios Helios, sibilino,
clavo las rodillas encima de una balda;
a ti, que pinto de colores cada noche
y trazo en tonos grises,
no te hago ni un reproche;
es a ti… el que en sueños
aún rebusca la quimera de un tesoro
en el bies de mi falda,
asido por las alas,
meciendo la inocencia
en el negro de mi pericia trasnochada
y en una encrucijada
los dos juntos, arrepentidos de las dudas,
encaramados sobre un fugaz anaquel.

domingo, agosto 29, 2010

¿Tú serás?





¿Tú serás quién cure mis manos cada día?
¿Tú serás quién sople en mis oídos un cantar?
¿Tú serás quién me sueñe cada noche
y clave una estaca de hielo en mi alma,
con luz y alevosía, dime, tú serás…?
¿Tú serás quién diga que yo no sé sentir la poesía
y sólo sirvo como musa de inspirar?
¿Tú serás…?
¿Tú serás la luz que busco en la mañana
cuando palpo en mi edredón,
y serás la noche que me ciega al celar
esta casa, con pasión y diligencia,
haciendo pajaritas con mi almohada
y mitigando la vigilia de mi eterno velar?
Dímelo… ¿tú serás?
Y si no, si no eres pero estás,
da lo mismo el tiempo y el lugar,
es igual la situación,
lo que importa es hallar con imaginación
aquello que uno busca con clara devoción.



viernes, agosto 27, 2010

¡¡PREMIO!! Mañana desnudaré mi poesía para tí







SEGUNDO PREMIO EN EL FALLO DEL III CERTAMEN DE POESÍA,
RENEDO DE ESGUEVA

ÉSTE HA SIDO EL SEGUNDO POEMA GANADOR (ahora sí, ahora completo)
Premio: Diploma y 300 euros





Mañana desnudaré mi poesía para ti,
y quedará sumida
en la blancura,
albor níveo del papel.
Apelaré de nuevo a la cordura
y te hablaré de mí
como hago siempre,
un soliloquio
construido a tu medida,
cargado de reproches,
repleto de cariños,
transido de emociones
y henchido de intenciones
que subirá el listón
de tu dintel de vanidad,
y llenará de escombros
los silencios
que glosaron el final
de aquella concisión,
un disparate mudo
que dio al traste
con un pobre corazón,
y qué más da…
si se trata sólo
de una maldición
por amar con devoción
y no ponerle trabas
al sueño de colores que
guarda una canción,
aún hay más…
por luchar sin rendición
y guardarte ciega
lealtad sin condición.
De nuevo
te hablaré de mí
y postraré mi imagen,
aún gallarda, ante tus pies,
para que en tu memoria
mi presencia viva y muera,
las dos cosas a la vez.
De nuevo
esperaré, y vacía
regresaré a mi
oscura soledad,
la de la noche fría,
recogeré el humor
que fluye y se desborda
desde mi propio yo,
el que subyace en mi barriga,
y lo sembraré en la tierra,
esa tierra que me abriga,
tierra que merezco,
creo yo,
hecha de mantillo,
arena, légamo,
risco y arcilla.
Hundida en el subsuelo
reclamaré mi espacio
con mis versos,
ese hueco, la gran sima
que me niegas en tu vida,
y cubriré tu herida
con mis besos.
Tal vez esté soñando
igual que ayer, pero…
mañana desnudaré
mi poesía para ti
oculta en la penumbra
de tu habitación,
callada por respuesta,
y en tu alma veré cómo,
cual puñal,
la tristeza de mis trovas
se hunde lentamente
en sus costillas.
Limpanalos negros
rondan la noche,
son notas de blues cansados,
así me embarbuquejo
en la manta que duerme
fuera de tu lecho
cuando arrecian
los calores estrudarios
del infierno veraniego,
y te contemplo,
silenciosa, enralanada,
mientras cantas una nana
ante una cuna que te mira,
con ojos de azabache
y brillo de aceituna,
directa y sin reproche,
a tus ojos… ay, tus ojos,
ahí tus ojos se duelen
con mi llanto apagado
que disimulas como puedes,
esos ojos
que yo he soñado tanto
tras el mármol de una mesa,
frío y lapidario,
mármol que abrasa,
mármol que lanza gaxos
a millares
y llora con garganta
de gitano, rota,
destrozada…
ay, qué ojos, qué pena
que me han durado poco.
Cuando pase de mí
esta fiesta luctuosa
y nocherniega
que siempre
monto a solas,
pensaré de nuevo en
mañana y… desnudaré
mi poesía para ti,
que quedará sumida
y olvidada en la blancura,
albor níveo del papel.

ASÍ DE GUAPAS LUCEN...

ASÍ DE GUAPAS LUCEN MIS FOTOS JUNTO A LAS ESCULTURAS DE VÍCTOR RODRIGO EN LA ALHÓNDIGA































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jueves, agosto 26, 2010

ALTO DE SIGÜENCO

ALTO DE SIGÜENCO



La subida al alto de Sigüenco arranca desde Cangas, por eso le dicen a Cangas de Onís “la puerta de entrada a los Picos de Europa”, yo añadiría además que se trata de la puerta principal y no la de servicio. La carretera empieza suave, sorprende sobre todo que parece que la aldea de Sigüenco está ahí mismo, y luego resulta que no… que uno parece no llegar nunca a ese sitio, sobre todo cuando el ascenso se recrudece y la estrecha carretera se convierte en una senda vertiginosa entre árboles, con un profundo precipicio a un lado, por donde parece impensable que puedan caber dos coches en paralelo. Doy fe que sí caben, el otro día “tuvieron” que caber. De todos modos lo de las rampas, precipicios, cortados, curvas y estrecheces, en las carreteras de montaña asturianas, es algo que entra dentro de la normalidad, supongo que como en la mayoría de las carreteras de montaña de cualquier sitio, de manera que no me detendré más en abundar en estas explicaciones.
Una vez llegados a Sigüenco, uno deja el coche donde puede –que esa es otra, porque es tan estrecha la aldea, que se sitúa a ambos lados del camino y no hay más… salvo el precipicio-, y después se emprende la marcha hasta la cumbre, donde se ubica un mirador con unos paneles interpretativos.
La marcha dura unos cuarenta y cinco minutos, es sencilla porque no tiene pérdida, se hace sobre una pista de montaña, amplia, despejada, y la única dificultad que conlleva es el propio esfuerzo de realizarla debido a la inclinación de la rampa, pues los cuarenta y cinco minutos son en ascenso, un pronunciadísimo y fatigoso ascenso. Según subimos ya percibimos que la recompensa por nuestra entrega va a valer la pena, de hecho las vistas, a medida que vamos rodeando la montaña, son espectaculares. Las vacas y los caballos pastando nos saludan al pasar.
Por fin, la cumbre… y la sensación poderosa de volar… desde allí arriba se ve todo, todo…: A lo lejos se divisa el azul del Cantábrico, el núcleo de Cangas, Arriondas, el Mirador del Fito, el Pico Pienzu, el Picu Pierzu; lejísimos, como si fuese una pulga, la Basílica de Covadonga, lo cual sorprende, acostumbrados como estamos a ver siempre las agujas de la Basílica desde abajo, erguidas, apuntando al cielo, el Macizo occidental de Picos, o Macizo del Cornión, con una de sus cumbres más elevadas, una de las “Santas”, la Peña Santa de Enol, unos 2500 m – luego está la otra Peña Santa, que es aún más elevada, la de Picos leoneses, aunque las cumbres más elevadas están en el Macizo central o de los Urrieles, el Naranjo, Torrecerredo-; la sierra del Sueve, la sierra del Cuera…
Entendiendo perfectamente a los montañeros y escaladores, que cada vez quieran “más”, tras cotejar nuestros escasos conocimientos con los paneles donde, dibujadas y denominadas, aparecen todas las cumbres, abandonamos el lugar, e iniciamos el descenso con la seguridad de volver a ese sitio mágico donde, por mucho que uno mire, no deja de ver montaña, donde… por momentos, mirando al frente, uno deja de ver casas y vestigios humanos para confundirse con la naturaleza y tocar el cielo con los dedos.

miércoles, agosto 25, 2010

TE DESCUBRO BAJO UNA ROCA



Te descubro bajo una roca,
y mi boca besa tu hierba
con furia desgarrada,
lo mismo que una loca.

Mi boca no entiende
que seas sólo roca,
tu hierba no admite ser pisada
por las plantas de una loca.

Mi desgarro hecho furia
te llama y te convoca:
“Ven, abraza mi tallo
de árbol viejo
adherido al musgo joven
que crece a la vera de tu roca,
porque sólo tú serás
hierba fresca y furiosa
si tu planta vive verde,
regada con saliva
por los besos de una loca”

martes, agosto 24, 2010

VERDADERO O FALSO

OLLA DE SAN VICENTE, RÍO DOBRA, RIBADESELLA


Hay ciertos asuntos viajeros sobre los que uno debe o no debe hacer mucho caso, a saber:

a) Las guías viajeras, cuando hablan del grado de dificultad respecto a una ruta senderista, a veces mienten como bellacas, pues dicha dificultad depende en gran parte, más que de su propia naturaleza, de la objetividad y percepción de quien escribe la guía.
En el caso de la excursión a la Olla de San Vicente, a lo largo del río Dobra, es cierto que puede ser considerada como una ruta bastante asequible en cuanto al tiempo que se emplea en ella, en cuanto a desniveles y en cuanto a fácil localización. Ahora bien, posiblemente debido a las últimas riadas, las que se produjeron en el pasado junio, la senda que discurre paralela al río se ha visto muy afectada por el arrastre de piedras, por los despeñes desde los montes aledaños y por el terreno que ha escomido el propio río, rompiendo a veces con la solución de continuidad de dicho sendero, y reduciéndolo a escasos centímetros bajo los cuales se abre un cortado que, de perder el equilibrio, nos llevaría directamente a estrellarnos sobre las rocas redondas o afiladas que descansan sobre el agua, y que nos esperan frotándose las manos de regocijo –yo he visto cómo se las frotaban cuando miraban hacia arriba mientras, pobre de mí, me aferraba con las mías a los pedruscos del suelo como podía, en actitud poco menos que simiesca, burlando con más pena que gloria el precipicio-

b) Cuando un asturiano nos dice respecto a un enclave de montaña: “La carretera está bien, se llega hasta allí en coche”, tampoco conviene hacer mucho caso y no tomárselo al pie de la letra. Pues también en estas circunstancias la bondad de la carretera depende en buena parte de la percepción del lugareño, que suele ser tirando a optimista. Ahora bien, en una cosa no mienten, ¡por supuesto que se llega hasta allí en coche! No queda más remedio, si no, ya me dirán ustedes… cuando nos encontramos en pleno ascenso de una carretera estrecha cual lavativa, empinada como una pared, tanto que uno se siente Spiderman por momentos, esos escasos momentos que nos dejan de respiro los entresudores y los acojones varios que pugnan por paralizarnos, una senda en la que no se puede cambiar de sentido porque no hay dónde poder hacerlo, y claro… tampoco, por el mismo motivo, puede uno aparcar y seguir trayecto caminando… en fin, qué hacer... pues no queda más remedio que seguir zigzagueando, curva va curva viene, rampa va rampa viene… hasta llegar a la cumbre, so pena de abrazar la otra alternativa: la de dejarnos caer blandamente al hondo precipicio que, invariablemente, se abre a uno de los lados del camino y que, como en el caso de las piedras del río, se frota las manos desde las profundidades abisales esperando engullirnos y convertirnos en pasto de los discípulos del averno. Como quiera que esta segunda opción sea la menos recomendable, salvo en esos casos de querer abandonar rápidamente este mundo absurdo y cruel, a uno no le quedan más “coyones” que “llegar hasta allí en coche”.

Lo dicho… no se fíen ustedes ni de todo lo que lean ni de todo lo que oigan.


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lunes, agosto 23, 2010

DOÑA PARCA (SONETO)




Doña Parca tiene nombre de mujer,
se viste con un traje de ramera,
se perfuma con Agua de Quimera
y se peina con estilo Lucifer.
Es costumbre suya la de proceder
a trocar el amante en calavera,
en seco erial la rica sementera
y a difuntos la campana hace tañer.
Doña Parca, jubilosa, reclama
al mortal fascinado que la sigue,
como un tal Don Juan persigue a una dama
creyendo así que su favor consigue.
Mas aquél que por no ir haga un drama,
sufrirá que la guadaña le ligue.



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domingo, agosto 22, 2010

CASA DELFINA




Una visita obligada en Cangas debería ser, si ya no lo es, a conocer la Casa Delfina.
Se trata de una especie de cantina, un pequeño establecimiento –un cuartucho- con muchos años encima, más que los que suman sus dueños, que está situado en la Calzada de Ponga, en pleno centro, justo al lado de la comercial y recientemente peatonalizada Calle San Pelayo.
Según refiere el ama de ese sitio –exagere o no-, la casa tiene casi trescientos años, y han pasado por ella varias generaciones, añade que algunos de sus antepasados han llegado a centenarios. El bar cuenta con una pequeña barra mostrador, tras el que se muestra Esther, la dueña. Es una mujer menuda, afable, con una cierta edad que, sin duda no aparenta; de todos modos ni conozco ese dato ni me importa, pues soy una de esas personas que jamás le pregunta a nadie por su edad, posiblemente con la secreta esperanza de que no me la pregunten a mí. Esther asegura que todo el mundo le llama Delfina, cuestión que a ella no le importa en absoluto, pues así se llamaba su madre y predecesora en el negocio, y a ella le supone un gran honor que le digan por ese nombre.
Esther –en adelante La Delfina- es buena tertuliana, y como no suele haber gente en ese sitio, se apoya sobre el mostrador y, solícita, brinda compañía y conversación a quien desee departir con ella. Es muy educada y correcta, tiene un fuerte acentu asturianu, y por su aspecto yo más bien la encajaría en otro oficio, podía ser maestra o licenciada en Filosofía y letras –como se decía antaño- mucho antes que ventera.
Su marido, en cambio, sí parece más mayor que ella, bastante más, y es ella misma la que no tiene ningún tipo de inconveniente en confesar la edad de él sin que le pregunten, noventa y tres abriles. El hombre, por lo que se ve, ya no despacha. El gato tampoco. Encaramado sobre la última estantería donde se apilan las botellas del bar, se encuentra un felino blanco y negro, uno de esos gatos tipo inglés que parecen usar antifaz de color negro. El minino vive allí y no se espanta de la gente, al contrario, cuando se cansa de simular ser una esfinge –es lo que aparenta cuando está ubicado en la estantería, pues ni siquiera pestañea-, se apea de un salto limpio y deambula tan campante por el escueto espacio de la cantina, dejándose acariciar, y jugueteando o echando un pulso con el cliente si éste se presta a ello. Por lo visto es como un reloj, ella cuenta que todos los días a eso de la una de la madrugada el minino sale “a gatas” y no regresa hasta la mañana siguiente, cuando regresa a gatas –cansado, quiero decir, de tanto follar por los tejados-.





A un lado del mostrador hay tres taburetes altos en madera de pino. Pero también uno puede sentirse llamado a utilizar alguno de los otros asientos, los que los dueños del establecimiento utilizan para su deleite, solaz y descanso, es decir, las típicas butacas de mimbre con cojines que han usado los abuelos de pueblo de toda la vida.
La especialidad de la casa debe ser la sidra, si nos atenemos al cartel que se ve en la puerta antes de entrar, y ciertamente la sidra que nos sirven es excelente, su marca es Herminio; se toma con agrado y deja al final un regusto a manzana que la hace ser muy suave y fresca, dejando un hueco para la duda… ¿es mejor la Herminio o la Cortina? Y digo bien si digo “la especialidad debe ser la sidra”, porque las veces que hemos estado allí tampoco hemos visto que dicho fluido corriese a mares, de hecho casi ningún fluido corre por allí ni a mares ni a regatos, pues es un local extremadamente tranquilo donde casi es raro que coincidan más de dos clientes a la vez.
Lo que sí puede que sea su especialidad es un tipo de Orujo de Cereza que la Delfina elabora puntualmente cada mes de mayo, y que no dispensa por botellas a sus clientes aunque se lo pidan de rodillas, tan sólo lo administra en formato chupito, como si de una delicatessen, medicina, droga, esencia o veneno se tratase. El vaso que utiliza no es el de chupito, ella usa la antigua fórmula de la copa bajita y chata, aquellas añejas copas donde ponían el coñac, con el dibujo de una raya de colores trazado transversalmente a lo ancho de dicha copa. El licor es, lógicamente, de color cereza, y se caracteriza por presentar un sabor muy suave, anisado, que rasca menos que cualquier otro orujo, claro… no lleva orujo. La Delfina, sin ambages, nos explica la fórmula de su elaboración, no es de esos artesanos que evitan por todos los medios que alguien copie su Bálsamo de Fierabrás. Al parecer ella usa un anís especial para cerezas, también las cerezas lo son, tienen que ser unas determinadas cerezas… asegura que en mayo, en una de nuestras visitas, nos enseñará cómo se hace. Según afirma es un “jarabe” aperitivo y carminativo que ayuda a hacer la digestión, por lo visto también ayuda a las mujeres cuando ha de venir “San Pedro” y no viene, resultando mejor que cualquier tipo de jaculatoria por piadosa que ésta sea. La verdad es que el licor se bebe con facilidad, sienta divinamente al cuerpo, recuerda un poco al pacharán, pero aún se bebe mejor que él… ¿qué más se puede pedir? ¡Que nos dé la fórmula, es lo único!




Lo que ya es para nota, es cuando el anciano se empeña en tirarnos la sidra… nunca mejor dicho, pues derrama bastante más de la que nos sirve, pero resulta enternecedor ver cómo tira los culines, para lo cual se asoma al quicio de la puerta y, tal y como se decía antiguamente, “agua va”, él se pone a escanciar desde su puerta al medio de la acera. La Delfina le excusa diciendo: No puede levantar más el brazo por la artrosis, pero al abuelo, un anciano chiquitillo y vivaracho, se le ve aún con arte, y si se pierde más sidra de la recomendada no es por culpa de sus cataratas –pendientes de intervención quirúrgica, y que hacen que el hombre vea menos que Rompetechos-, pues cualquiera sabe que los buenos escanciadores miran al frente y no al vaso ni a la botella, es decir, se puede escanciar con cataratas y aún siendo ciego de Lazarillo, posiblemente esos temblores que nos aquejan a la vejez, y que no son debidos al frío ni al calor, ni tampoco al amor, sean los responsables de que el chorro no apunte del todo bien. Carezco de documento gráfico pero prometo tenerlo aunque tenga que ser realizando el ímprobo esfuerzo de degustar otra nueva sidra Herminio para tal ocasión.
¿Los clientes…? Pocos, infrecuentes… pues los turistas que llenan las calles de la ciudad, turistas ocasionales “de un rato”, que proceden de Covadonga o de Lagos, suelen detenerse en otros lugares más convencionales, sidrerías que se acompañan de buen yantar, amén de las típicas tiendas de recuerdos, camisetas con vacas, quesos, cencerros, artículos de montaña…
Un día había un fulano a la barra tomándose una cerveza y pegando la hebra con la Delfina, un tipo bajito con un mostacho tipo mosquetero, una melena peinada hacia atrás y un parche en un ojo, lo cual le daba un aspecto entre inquietante y pintoresco, pues por momentos uno no sabía si se encontraba ante Alatriste o delante de un Pirata del Caribe; hablando con él no resultó ser ni una cosa ni otra, se trataba de un operario de la limpieza de las calles en su día de descanso. El hombre, sumamente agradable, no le hizo ascos a la invitación de una segunda ronda.
Otro día estaba otro cliente lenguaraz y pizpireto que procedía de un pueblecito de Huesca, cerca de Lleida; el paisano tenía un fuerte acento catalán con deje maño; según contaba, su lengua materna había sido el catalán hasta la edad de cinco años en que entró la tele en su casa y aprendió a balbucear en castellano, tal vez por eso se muestra respetuoso con todas las opciones idiomáticas y lingüísticas, pero no ve con buenos ojos que se evite en Cataluña la enseñanza en los colegios del castellano como primera lengua, dado que él, por sentido práctico, considera que siempre es preferible el conocimiento profundo –y obligado- de aquél idioma que tenga más proyección dentro y fuera del país, bien… puede que visto así tenga razón. El fulano conocía Valladolid de haber estado acampado por varios de sus pinares, eso es lo que nos dijo, pues suele viajar en compañía de un amigo maestro por toda la península –evitando el extranjero por varias razones-, y prefieren, si pueden, dormir al raso, bajo los pinos. Este señor se había aferrado a una sidra y se la tomaba al modo convencional que se toma la Coca-Cola, por ejemplo, es decir, sin escanciar… tal vez conocía la forma de escanciar del dueño, el de las cataratas y los noventa y tres años, y optaba tomarse –a su manera- todo el contenido de la botella.
En fin… poco más puedo añadir de La Delfina, la mujer ha empatizado divinamente con nosotros y hasta nos ha obsequiado con un abanico rojo de la marca Pikolín (¿¿??). Viendo a mi vieja, según salía de la cantina en dirección a la calle para montar en su silla de ruedas, me dijo: ¡Pubriña…! Se ve que tu madre ha sido una mujer muy guapa ¿eh? Aún lo es…
Es cierto, aún lo es…
Algo parecido a ese sitio que tenemos en Pucela es el Penicilino, sobre todo antes, cuando estaba el antiguo dueño, que dejaba el libro –un tocho de algún clásico- y las gafas de leer aparcados a un lado, para servirnos el Penicilino con la “zapatilla”. Eso sí, le faltaban algunos ingredientes a su favor que en cambio sí tiene la Delfina: un gato sobre el mostrador, su simpatía y un viejo escanciador casi centenario y medio ciego.
Ella con nostalgia nos dice que los del Hotel de al lado –son otros los dueños de todo el inmueble, pues encima del bar está la vivienda- van a adquirir el bloque antes de dos años, de modo que su jubilación para entonces ya no será una opción.
Esperemos llegar a tiempo aún de hacernos con la fórmula de su Bálsamo de Fierabrás.

viernes, agosto 20, 2010

ASIEGU, NARANJO DE BULNES, PONCEBOS

IMÁGENES DE ASTURIAS




Visitar Asiegu, en el concejo de Cabrales, haciendo la ruta del queso y de la sidra, y culminar la visita con una espicha en un llagar…humm… es todo un regalo para los sentidos. Si además el sol luce radiante en un día claro y diáfano, y se avistan los Picos al frente y la Sierra de Cuera al dorso, miel sobre hojuelas. La carretera, estrecha, muy empinada y llena de curvas –como todas, estoy por decir-, parte de Carreña de Cabrales, asciende entre prados escalonados en ladera, y al lado izquierdo de ella se abre en el horizonte, lo mismo que un telón, la cadena montañosa de los Picos de Europa. Casi al final del camino, un sendero asfaltado y zigzagueante a más no poder, y a ambos lados, los robles que se cierran en lo alto formando un túnel angosto; cuando salimos de dicho túnel, una cerrada curva en una pronunciadísima rampa nos sirve en bandeja la pequeña aldea de Asiegu.
Llegados a este punto las vistas son impresionantes; es difícil describir un paisaje tan hermoso en tan sólo unas líneas sin quedarse corto, sin repetirse o sin exceder un número recomendable de adjetivos, por eso voy a abstenerme de hacerlo.
La excursión contiene todos los ingredientes necesarios para que resulte exitosa: aparte del excelente día que ha hecho, los didácticos comentarios del avezado guía que hizo de cicerone a lo largo de la ruta, el paseo de montaña propiamente dicho, visitando la quesería y, tras una costosa y fatigosa rampa que nos aupó a lo más alto de la cumbre, seguida del descenso a través de un senderillo semioculto entre la maleza, el follaje y el robledal, la llegada a la cueva –una de las muchas que hay- donde se cura el famosísimo queso de Cabrales durante un plazo aproximado de seis meses; jalonado todo el recorrido de curiosas explicaciones… de nuevo el descenso a la aldea, la visita al llagar, conocer el procedimiento de elaboración de la sidra, degustarla en el interior de la bodega … y por fin… la típica espicha, con los bollus preñáus, el queso de Cabrales y Caxigón con miel, chorizos a la sidra, verdines con bacalao, patatas al Cabrales, probe, y de postre, tarta d´ablana.
Respecto a la ingente cantidad de datos que me llegaron, puedo decir que todos fueron aprovechados y registrados cuidadosamente en mi disco duro: se habló de queso de Cabrales y de otros quesos, el diagnóstico diferencial entre distintas denominaciones de origen con similar apariencia, fabricación, curación, el queso en Asturias respecto a Europa, interesantes cifras estadísticas de producción, tipos de leches según tipo de ganado, curiosidades… la vaca asturiana de las camisetas y de los objetos de recuerdo rara vez se la encuentra uno en los prados… pues las que vemos en ellos son de color rojo, rubias, y no blancas con manchas negras, ésas son las vacas frisonas holandesas, y gracias a ellas, a que sólo comen pasto verde, en su día se mantuvieron vivos los prados sin convertirlos en maizales. Tonterías que uno debería saber pero que no sabe, el queso nació en Asturias –es la región que mayor producción y diversidad de quesos tiene en toda Europa, unas cincuenta variedades…- como una necesidad más que como una afición gastronómica: al quedarse antaño las aldeas aisladas por la nieve, y tener un excedente de leche, la mejor forma de conservarla y, de paso, garantizarse los recursos alimentarios, era convirtiendo dicha leche en queso… pues ese detalle tan tonto yo lo ignoraba, ignoro tantas cosas… Los concejos asturianos, las aldeas, el suelo público que en alta montaña, lógicamente, abunda más que en el llanu… el hórreo… humm… cuando un vecino construye un hórreo sobre suelo público y no privado, se construye sobre unos pilares, además de para reservar el grano de la humedad y los roedores, para escenificar de algún modo que uno en realidad no está asentándose sobre dicho suelo público, sólo se “apoya” en él ligeramente; y si lo hace sobre pilares de madera muestra que es suelo público, mientras que si se asienta sobre pilares de piedra lo que muestra es que es suelo privado. Curioso. Se habló de ganadería, agricultura… un tipo, un señor mayor que paseaba por allí al sol, y que guardaba unos cabritillos en un establo, exactamente siete, como en el cuento del Lobo y los siete cabritos, nos comentó nuestro cicerone que en su momento, hace muchos años, fue uno de los socios fundadores de la Cooperativa Central Lechera Asturiana, lo hizo aportando todo un capital para aquellos tiempos, doce mil pesetas. El fulano a día de hoy no luce imagen de empresario, de eso puedo dar fe, por el contrario, su aspecto bonachón y tranquilo, amén de desaseado y poco atildado, dice más de un cabrero que de otra cosa -lo que debe ser a fin de cuentas-.

En fin, un recomendable circuito que uno, cuando pasea Asturias y más aún cuando vive allí, no debe perderse. Por otro lado, una agradable llamada de teléfono llenó de dicha mi mañana montañera, procedía de La Alhóndiga zamorana, me dijo Félix, el responsable de cultura, que no ocurría nada: “La exposición va muy bien, está funcionando, pero hay una señora que desea ponerse en contacto contigo, por eso te llamo…”
Efectivamente, una guipuzcoana de Lasarte que veranea en un pueblo de Zamora, amablemente me pedía santo y seña de mis libros de poemas, al parecer las imágenes le habían gustado extraordinariamente, pero los textos, según me confesó, le habían subyugado… quería comprar mis poemas… intercambiamos teléfonos y saludos, y tendrá sus libros, claro está…

Después de comer, siguiendo la carretera en dirección a Panes, a la altura de Arenas de Cabrales y girando en un cruce a la derecha, se llega a Poncebos, lleno de visitantes con los pies cansados y llagados de tanto caminar a través de la ruta del Cares. Maravilloso emplazamiento, maravillosas montañas, maravillosa la garganta, subida a Tielves, Sotres… más carretera de montaña, más curvas, más rampas… Bulnes, el Picu Urriellu –Naranjo de Bulnes- siempre omnipresente… el mirador de Camarmeña espera… espera una nueva visita.
Llegando a casa, tras un día fértil en todos los aspectos, un email en mi correo me dice de parte de la Directora de Cultura de Cangas de Onís, que el dossier con mis fotografías le ha impresionado… gratamente… y que el municipio de Cangas estará encantado de que exponga en su Sala de Exposiciones a lo largo de… ¡un mes! Hemos de fijar la fecha, tengo que elegir el modelo de cartel que quiero que me hagan… Lo que decía antes… un día de lo más completo.

YA NO ME ANDO POR LAS RAMAS




Ya no me ando por las ramas,
ahora siento y me emociono
caminando por los suelos.
No me puedo ver callada,
pues si no digo nada, silencio
y parece que consiento,
pero si hablo, digo,
y estoy segura de decirte
lo que siento.
Paseo paso a paso
y pasa la noche de mí
cuando creo que poseo
el núcleo gris de tu alma,
un error de lo más craso,
eso es lo que siempre pasa
cuando escasea el talento,
pero…
ya no me ando por las ramas,
hoy valoro, sopeso y taso
cada minuto que empleo
en ti, en estudiar este caso,
resultando un buen invento,
y no me puedo ver parada
pues, si no ando, descanso
y parece que sustento,
pero siempre que piso,
traspaso, y estoy segura
que al pisarte
espeso tus movimientos.
El día me trae la calma
y la noche me roba el llanto
con los sueños que derrama,
y el sueño de tu recuerdo
es el que se lleva la palma,
pues viene a mí con ilusión,
con renovada energía,
sin acusar desencanto,
por eso…
ya no me ando por las ramas
y cuando pienso en ti,
proclamo, y tu atención
para esto mío reclamo,
es lo mismo de siempre
pero visto desde el suelo,
con las plantas de mi tronco
de árbol sólidamente aferradas
a tu tierra removida y levantada,
hoy no…
no me puedo ver volando,
pues si no vuelo, aterrizo,
y parece que mi cuerpo erizo,
pero siempre que repto, deslizo
por el tuyo mi muda
de piel serpentina,
y estoy segura que al tocarte
ves la capilla Sixtina
y disimulas tu deseo
bajo una carpa asesina,
acaso…
hoy no me ande por las ramas
para decirte te quiero,
me limitaré a esperarte
hasta que llegues,
me dedicaré en las sombras
a mirarte con deleite,
y, si me dejas,
si mi fantasma
no te resulta molesto,
hasta colgaré en tu percha
mi sombrero.
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miércoles, agosto 18, 2010

ASTURIANADAS






Ayer lunes amaneció con niebla, una niebla cerrada que llegaba hasta el verde prado y amenazaba con filtrarse y fundirse con el azul del agua piscina.
Luís, el portero, como si la cosa no fuese con él, a las ocho de la mañana realizaba sus tareas de limpieza en ella, en la piscina: midiendo el cloro, saneando el fondo… Desde la terraza yo me preguntaba para qué… si después de todo no se iban a poder bañar los vecinos. Pero sin duda él sabe más de esto que yo y conoce mejor el clima, pues no habría transcurrido más de una hora cuando lucía un sol radiante, y no habrían pasado más de dos horas cuando ya estaban los primeros bañistas zambulléndose en la transparencia de sus aguas.
Que el cielo es muy cambiante en los sitios de montaña, lo sabe hasta un niño de pecho. Las apariencias que adquiere a lo largo del tiempo –del día- y del espacio –el escaso espacio que alcanza una mirada- oscilan de tonalidad, de densidad y hasta de textura. Es sorprendente lo variopinta que puede llegar a ser la bata que viste el cielo cuando se divisa desde las proximidades montañosas. Sostiene Goethe en su libro autobiográfico “Viaje a Italia”, que la montaña no es inamovible como pensamos la mayoría de los mortales, al contrario… las cumbres son las que, silenciosas, atraen hacia si a las nubes y hacen con ellas de su capa un sayo: absorbiendo su energía, comprimiéndola … así mucho rato… hasta lograr hacer que las nubes lloren en forma de lluvia o se disipen y dejen paso al sol: no molesten por favor… ¿no ven que Su Majestad el Astro Rey quiere pasar?
Por la mañana, en bici, el paseo fue hasta Villanueva de Cangas, está cerca, justo al lado, y allí se asienta el Parador. Está próximo al Sella, rodeado de prados verdes y, al fondo, las montañas. Aquí siempre están al fondo las montañas, y cuando no están al fondo están enfrente, o encima de uno, o debajo de nuestros pies. “Ellas” son las protagonistas, llegando a eclipsar a los ríos que las atraviesan dejando labradas en sus cuerpos de piedra profundas cicatrices, abruptas y oscuras gargantas.
Es un paseo agradable y breve en terreno llano, con el aliciente final de poder callejear por Villanueva, un pueblito ribereño, antiguo y lleno de encanto.
Por la tarde la excursión se centró en circundar el Parque Natural de Ponga, iniciando ésta en la carretera que sale de Cangas hacia Riaño, girando hacia San Juan de Beleño y regresando de nuevo al Desfiladero de los Beyos. Un círculo perfecto que encierra dentro hectáreas y hectáreas de bosque. Son bosques de peloños y castaños, son hayedos. La carretera discurre entre un profundo desfiladero formado por el río Ponga que vierte al Sella. No es de extrañar que el Sella se vuelva bravo y se ponga farruco cuando vienen las crecidas, pues bebe el agua que le sirven muchos camareros en bandeja, por lo que voy viendo -entre otros- bebe: Del Güeña que a su vez bebe del Cares; del Dobra, del Ponga, del Santa Gustia… El paisaje es espectacular, supongo que como ocurre siempre, unos tienen la fama y otros cardan la lana. El Desfiladero de Los Beyos o la Hermida tienen merecido reconocimiento por su singular belleza, el del Cares no digamos… pero el Desfiladero del Ponga puede rivalizar con ellos en hermosura y longitud se ponga-n los otros como se ponga-n. Desde Beleño y sus miradores las vistas son fascinantes, y las rutas guiadas que proponen en Turismo al interior de sus bosques… imagino que han de ser sobrecogedoras por lo que tienen estos de tupidos y frondosos.

Otro lugar para no perderse –o para perderse en él durante unas horas de un día soleado, según se mire-, es el Mirador del Fito, partiendo de Arriondas, una carretera que sale a la derecha, justo al volver un bar que hace esquina y que se llama así, El Mirador.
El camino, unos diez kilómetros, presenta al principio un suave ascenso, luego la pendiente se recrudece. La carretera, como todas las de montaña, tira a angosta, aunque en este caso lo que tenemos a un lado u otro de ella no es un impresionante paredón de piedra caliza, en este caso hay árboles, árboles elevados, ignoro la especie a no ser que alguien me señale dicho dato, pues carezco de conocimientos de botánica y no identifico ninguna planta salvo la de los pies, y a veces ni eso. Lo que sí puedo señalar es que los árboles se juntan arriba, se abrazan y forman un túnel casi a lo largo de todo el recorrido, procurando una grata sensación de frescura a quien transita dentro de él. Poco a poco, a medida que ascendemos por la carretera, nos podemos ir dando cuenta, si miramos hacia la derecha, del panorama que se avecina, de lo que serán unas impresionantes vistas al llegar al mirador. En efecto: nada más bajar del coche y poner los pies en el suelo, el espectáculo que se ofrece a nuestros ojos es único e irrepetible, entiendo a Sthendal… Uno no sabe hacia dónde mirar, uno desea captarlo todo con la cámara de fotos, uno no deja de ser ridículo frente a tanta majestuosidad de la naturaleza, como si el objetivo o el zoom de un aparato pudiese reproducir las sensaciones que provoca en nuestro ánimo el hecho de vernos inmersos, tan pequeños, dentro de un espacio abierto al cielo, al mar, a la montaña, al fondo de un profundo valle… pues todo eso es lo que se divisa desde el mirador y desde otros puntos que no son el mirador propiamente dicho. En días claros, es obligado hacer siempre las excursiones en días claros o de lo contrario no merece la pena, se ven a derecha los Picos, a la izquierda el mar, Ribadesella y Lastres, al fondo y abajo una profunda garganta, la de un enorme valle abierto y boscoso, al dorso, a la espalda, el Pico Pienzu, el más elevado de esa zona y hacia el cuál podemos dirigirnos haciendo senderismo a lo largo de una marcha de unas cuatro horas –me refiero a todos aquellos que puedan hacer esas cosas sin tener otras obligaciones que atender-. Naturalmente a estas excursiones no faltaron mis viejos, los dos; naturalmente subieron las empinadas escaleras del mirador; naturalmente se asomaron al vacío a través de él… Mi vieja y su bonita sonrisa, las dos, se portaron como jabatas, me propuse que subieran, aunque fuese en parihuelas, y así lo hicieron.

Hay otra zona mirador no tan conocida por los turistas que está un poco más abajo, justo al salir del Mirador de Fito girando por un caminito a la derecha. Aquí además hay un área recreativa con bancos instalados para que la gente vaya a comer o a merendar. Lo cierto es que allí no había nadie, salvo una enorme antena en lo alto de la cima –imagino que a través de ella se recibirán señales de todo lo divino y humano que pueda propagarse por ondas- y una vaca. Una vaca lechera muy gorda que tenía el pavimento de la zona destinada a parking completamente lleno de estiércol. La vaca estaba a lo suyo, paciendo con parsimonia en solitario –el buey sólo bien se lame-, ajena a los ocasionales visitantes que, cámara en mano, nos empeñamos en inmortalizar lo inmortalizable. Tras la vaca había una pintada grafitera en un muro donde se hacía apología de distintas comunidades autonómicas, desde el puxa Asturies al visça Catalunya, pasando por el gora Euskadi.
Yo, muy bragada, todo hay que decirlo, le cité desde lejos –muy lejos por si acaso- con mi pantalón rojo, a ver si se arrancaba y, modestamente, podía recetarle unos lances a la verónica o por chicuelinas. La vaca me miró con gesto indiferente, pasó de mí como de comer pienso –estando en el paraíso del verde y de la sidra, quién piensa en comer pienso…- y ni se inmutó, es más… se escudó en la pintada de visça Catalunya para hacerme ver, de manera subliminal pero rotunda, que allí mis artes toreras no tenían nada que rascar.
De modo que tomamos las de Villadiego, en este caso cuesta abajo, hacia Colunga y Lastres. El descenso por carretera resulta a ratos vertiginoso, debido sin duda a la escasa distancia que media entre la montaña y, en este caso, el mar. No quiero imaginar cómo debe sentirse uno haciendo ese descenso sobre una bici o una moto…
Llegados a Colunga, las casas señoriales nos saludan al pasar a ambos lados de la carretera que conduce hacia el pueblo. Casas enormes, preciosas, antiguas… unas más habitadas que otras… nos preguntamos cómo habrán llegado sus dueños, los que las pusieron allí, a hacerse con esos terrenos. Y nos respondemos que seguramente a expensas de dinero, no. Antiguamente los poderosos no “compraban” las tierras, directamente las tomaban.

Lastres es un pueblo costero situado en un enclave maravilloso, sorprendente… espectacular para el turista… incómodo para vivir… Es un pueblo muy, muy largo… que sube en pendiente, muy, muy pendiente; forma una profunda brecha que se abre al mar y deja mostrar a Lastres como si lo hiciese desde un balcón. La calles llenas de turistas y coches aparcados a los lados como pueden, sobre las aceras, en cualquier parte, están atravesadas por estrechísimas callejuelas con empinadísimas escalinatas que intentan facilitar el acceso a los viandantes desde unos niveles a otros más superiores, aunque es un decir lo de “facilitar” viendo el grado de inclinación y el sinnúmero de escalones que presentan dichas escaleras. Abajo, como hormiguitas, las barcas en el puerto, un puerto diminuto y cerrado; más adelante la playa, muy honda, como una cala, con todos los ingredientes del Cantábrico: arena, verde, árboles… y al fondo, pero muy cerca en este caso… siempre ellas… las montañas de la Cordillera del Fito.
El Rudo reflexionaba y decía: Pensar que los asturianos no han tenido que hacer nada para tener todo esto, sólo nacer aquí y hala… a sacar pecho. ¿Ves? Le decía yo, lo de los nacionalismos es una traza y una boutade. No deberíamos mostrarnos tan rigurosos a la hora de reivindicar nuestra nacionalidad, cuando lo de nacer aquí o allá se trata sólo de un mero accidente, sea hermoso el sitio de nacimiento o no lo sea, si acaso… estamos en condición de elegir el sitio dónde queremos vivir, no dónde queremos nacer.

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martes, agosto 17, 2010

MI VACA AZUL




Mi vaca azul pasta hierba verde. Mi vaca azul es de goma pero la hierba es de hierba, y no sabe mugir, digo la vaca, tan sólo es capaz de emitir un estridente pitido a través de una válvula que lleva adosada en su trasero y que realiza funciones de esfínter anal. Curiosamente cuando expele aire por esa válvula no suena a pedo, suena a chifla, a pedorreta de trompetilla de feria, a cornamusa chillona de niño pitongo. Curiosamente sus ventosidades no huelen a hierba, huelen a goma de color azul y se esparcen y difuminan hacia el cielo mezclándose con su azul, de tal modo que llega el momento en que dudo si el color del cielo es así por naturaleza, o gracias a la flatulencia de mi vaca azul que lo inunda todo de turquesas luminosos y de fragancias añiles a goma de juguete infantil. Según esta teoría también dudo más… ¿los días grises serán debidos a disfunciones del aparato digestivo de mi vaca azul?



lunes, agosto 16, 2010

PREMIO DE POESÍA EN RENEDO DE ESGUEVA

Ignoro qué premio será de los tres, no me lo han dicho y será sorpresa el día de la entrega de premios, 27 de agosto en el Teatro Municipal de Renedo, pero ya sé que he obtenido uno de ellos con el siguiente poema, del cuál avanzo unos cuantos versos, faltan más, muchos más...
Sólo cabe estar feliz por la noticia y agradecerle al jurado que se haya "fijado" en mi poesía.





MAÑANA DESNUDARÉ MI POESÍA PARA TÍ




Mañana desnudaré mi poesía para ti,
y quedará sumida
en la blancura,
albor níveo del papel.
Apelaré de nuevo a la cordura
y te hablaré de mí
como hago siempre,
un soliloquio
construido a tu medida,
cargado de reproches,
repleto de cariños,
transido de emociones
y henchido de intenciones
que subirá el listón
de tu dintel de vanidad,
y llenará de escombros
los silencios
que glosaron el final
de aquella concisión,
un disparate mudo
que dio al traste
con un pobre corazón,
y qué más da… [...]
continuará...


domingo, agosto 15, 2010

CAUCE


Cauce de río,
relación hundida entre piedras,
lodo, piélago en un lecho,
palabras disueltas en agua
y discursos revueltos en limo.
Besos tras los juncos,
hojas de hiedra abrazadas,
abrazos de hierba,
caricias de hierbabuena,
corazón de madera,
cuerpo líquido
y alma de enredadera.
Deseos prohibidos
por turbulentos,
pasiones que son tormentos,
celos al aire,
ilusiones al pozo
y de rebote,
mientras el mundo se ahoga
nuestro amor que sale a flote.


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viernes, agosto 13, 2010

POR MI PADRE… LO QUE SEA




La histérica de la tele gritaba:
-¡Yo por mi padre, ma-to! ¡Por mi padre, ma-to!-

Lo decía bien alto y bien claro a la vez que mostraba a la cámara un par de ojos anfibios a modo de desafío.
Mi perro jugueteaba con una vaca; mi perro es de carne y hueso aunque parece de peluche, pero la vaca es de goma y sólo parece de goma.
Los gritos de la paisana aquella horadaban mis tímpanos. Sus gritos eran de hojalata y mis tímpanos son de seda, aunque a fuerza de escuchar tonterías cada día del año se han convertido en tímpanos de amianto. Ahora ya no sé ni lo que oigo y mucho menos lo que escucho, sólo sé que en ese momento no sabía qué hacer: si tomar la bici bajo el brazo y salir huyendo de casa, si montarme en el perro o sacar a pasear a la vaca con una correa al cuello. La vaca, insisto, es de goma.
Al final opté por echarle el lazo al cuello al tipo bajito del abrigo marrón que, feliz, movía la cola repetidas veces a ambos lados de las caderas.
Él utiliza el abrigo marrón todos los días del año, debe ser para no enfriarse o para que las estupideces que se filtran a través de la tele no le calen demasiado.
Pese a todo, pese a estar en agosto derramándose sobre nosotros un sol de justicia, le dije:
-Abríguese, padre, no se enfríe… ande, suelte esa vaca ¿no ve que es de goma?

Y es que yo, por mi padre, ma-to.

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jueves, agosto 12, 2010

¡PADRE!



Siempre que elimino de mi vida aquello que no me sirve, tú aún persistes y sigues en ella, Estastú. Por algo ha de ser. Tus ojos oscuros, los que un día me miraron sólo a mí, forman parte de mi hoy, de mi ayer, de mi mañana, pero sobre todo de mi Nuncajamás. Ellos dos son mis faros, Estastú, y puedes apostar todo tu reino a que es cierto lo que te dije y no miento en lo que te digo. De la necesidad se hace virtud y eso que de la virtud no se puede hacer un neceser, en todo caso con la fe se hace una maleta y con la esperanza un baúl, pero… ¿con la caridad qué hacemos? La que se escribe con “k” suena bien, la otra siempre suena a humillación para quien la recibe. Cuando practicamos con alguien la caridad parece como si le estuviésemos perdonando la vida a ese alguien, y eso está mal ¿verdad padre?-
Le pregunté.

Él se limitó a asentir con una especie de gruñido mientras, distraidamente, roía un hueso. A menudo hablo con mi perro y le llamo padre; eso ocurre desde que un día una tertuliana de la tele, una de esas tipas histéricas que salen en los programas de cotilleo, empezó a largar sobre su padre, tanto largó, tanto largó… que me confundió, y en vez de llamarle perro al perro le dije padre. Suelo tutearle, esa es la verdad. Sólo le traté de usted en una ocasión, y fue aquella en la que le pedí permiso para regresar a casa más tarde de las diez de la mañana, tras una juerga nocturna. Entonces mi padre, furioso como sólo saben ponerse los hombres, empezó a ladrar y a ladrar como un loco, y entre todos decidieron vacunarle contra la rabia y ponerle un bozal.

miércoles, agosto 11, 2010

LLAMA DE PASIÓN





V
Verde
prado
verde,
roca gris,
azul piscina,
cielo perla,
montaña libertina
que a tu lado,
cuando estás,
mi ego alimenta
y mi pasión más
prístina despierta,
pero si no estás
y te inventas,
me sugiere cualquier cosa
y hasta la más triste losa
para mi es gema divina.

martes, agosto 10, 2010

ME INVENTO PALABRAS



Me invento palabras
frente a tus códigos secretos,
no paro de elucubrar,
escucho los sonidos
que me envías desde el evo,
son como arrullos espumosos
y llantos de sirena
que me atrapan
y sumergen en tu mar.
Me invento códigos secretos
para frenar el torrente
voraz de tus silencios,
no dejo de calibrar,
e imagino tu presencia
tras las páginas de un libro
o espiando mi ventana por la noche,
cuando deslizo sobre mi espalda
la suave caricia de un camisón de hilo.
Intuyo tu húmeda mirada
explorando cada pliegue
de mi habitación,
cada rincón de mi cuerpo
y cada poro de mi cama.
A oscuras,
cuando nadie nos mira, me besas
y te apropias de mis sueños,
regalo de locas quimeras,
con el mismo arte
que si fueses un ladrón.

ASTURIAS

lunes, agosto 09, 2010

MI CASA





Mi casa tiene tres puertas
imposibles de guardar,
las cerraré de una en una
hasta que quede ninguna
para dejar precintado
el misterio de mi hogar.

Mi casa no tiene vida,
apenas llega la luz,
es como un nicho maldito,
es como un nido de grullas
que tiene por chimenea una cruz,
y tu sillón favorito,
el que miraba hacia el mar,
sin ti se quedó vacío
y ahora parece un solar.

Mi casa no tiene sentido
ni una razón de existir,
yo levanté sus muros
con mis manos y argamasa,
con tesón y con cariño,
con cabeza dura de adoquín,
sólo por ti y por mí.

Mi casa hoy huele a muerto,
a pena e insatisfacción
desde que diste el portazo.
Y no hay visos de solución
de que esto llegue a buen puerto
mientras no se intuya fuera
tu presencia tras alguna de esas puertas,
o yo sienta un ruido seco
en la madera de mi alma
sonando a campana hueca,
igual que si me pidieras
que el corazón te diera
a golpe de aldabonazo.

viernes, agosto 06, 2010

Y NO LLEGA, Y SI VIENE, SE VA




Y no llega, y si viene, se va.
Asoma la noche
y se alza oscura
sobre los tejados,
cálida queda,
terciopelo capa
que cubre de gloria
la sonochada.
Techumbre de vicio
que cruje y se queja
bajo un llanto de estrellas
y un polvo de luna.
Amor de luna y de sol
a mi servicio,
pasión sideral
en la conjunción,
sicigia fatal
que te lleva ¡Oh Selene!
a provocar una evección
en tu órbita,
por ese deseo animal
y ardiente calor,
fornicio de luna y de sol,
qué envidia me dais,
¡Oh, Selene!
Y no llega, y si viene, se va.
La duda se marcha,
la certeza se aloja conmigo
y se engarza en mi cuello
como un talismán de metal.
La cruda verdad,
la cruel realidad
me dice que siempre
que pienso lo malo
del bien y del mal
es seguro que acierto:
ni me quiere,
ni me quiso
y tampoco me querrá.
La cruel realidad
se yergue entre sombras,
y tú, ¡Oh, Selene!
derramas lujuria
en una fiesta salaz
que ilumina
mi senda perdida,
mis noches sin ti,
y deja prendida
en mis labios
una triste balada,
una canción de cuna
que canto en silencio
mientras aguardo.
Y no llega, y si viene, se va.

miércoles, agosto 04, 2010

NERVIOSA





Nerviosa, aguardo
una respuesta a mi pregunta,
inquieta, fiel reflejo
de mi ágil condición
aprieto mis manos con fuerza
hasta arrancar los nudillos,
hasta hacer saltar mi sangre
sobre el mantel
del ara asesino de tu amor.
Nerviosa, espero tus gestos,
inspiro tus gustos,
suspiro por tu lecho angosto
y, luego, cada vez
que te marchas,
siempre me pasa lo mismo…
que expiro en agosto.