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jueves, febrero 13, 2014

¿CÓMO NO AMAR A UN PERRO?


¿Cómo rechazo a la bestia
que me besa y me acaricia?
¿Cómo ignorar al amigo
que repara mis heridas,
que me sigue fiel cada paso
y me ama con nobleza y con codicia?
¿Cómo no rozar su pelo
con mis dedos y sentir
su tacto suave?
Más que crin para mí es raso,
más que una trufa mojada
su hocico es boca de cielo,
caramelo si me lame…
ay, si me lame,
es que es tan rico mi perro
que me parece un buñuelo
y un día lo como a besos,
lo digo sin falsa modestia.
¿Cómo no amar a mi perro
cuando cuida de mi vieja
con cariño y con desvelo?
Lo que otros no queremos ver
y miramos a otro lado,
esa vejez que asusta
por tener la faz tan arrugada
que da grima,
otros la cubren de babas
con sus besos, qué digo…
si hasta le lavan la cara,
 y tienen un sexto sentido
que les dice, hay que cuidarla,
es vulnerable, ya está anciana…
¿Cómo voy a impedir
a Merlín cada mañana
que lave la cara a mi madre
con su lengua…?
¿Cómo ser tan miserable
que regañe yo a mi perro
si le quita las legañas a mi vieja…?
Dejemos al animal,
dejemos en paz a la bestia,
que la mime y la proteja,
tal vez sus caricias
son las más sinceras
y mi vieja así lo entienda,
pues cuando apenas sonríe,
cuando su gesto escasea
y se hace imperceptible,
si es Merlín el que la besa
su boca se curva hacia arriba,
los ojos se le iluminan,
y su mano casi sellada
se abre en una caricia
que atusa el lomo del perro,
su cabeza y su barriga.