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viernes, octubre 10, 2014

E-VOLADAS MÍAS


E-VOLADAS MÍAS

Cientos y cientos de comentarios vertidos acerca del virus del Ébola, más cientos acerca de la culpabilidad de Teresa por haberlo contraído, más cientos a cuenta de su perro, otros más cientos a cuenta de la mala praxis de los responsables de turno, más cientos a cuenta del consejero y sus declaraciones... en fin, creo que han sido tantos, y creo que lo que una servidora opine o deje de opinar, es tan irrelevante, que no me tomaré la molestia de decir que:
1- Antes de ser declarada Teresa culpable o inocente, deberíamos tener en cuenta su presunción de inocencia como se hace con cualquier danzante de esos que detienen cada día, cuchillo en mano, tras haberse cepillado a mujeres, hijos y canijos; pederastas sin escrúpulos; chorizos, corruptos, etc... a los que, reiteradamente -machaconamente- se les sigue denominando en los medios "presuntos implicados", incluso habiendo "cantado", y hasta que así lo estima un juez.
2- El Sr. Ébola sería la excepción a la regla expresada en el punto 1, ése sí es culpable de la enfermedad sin que lo señale ningún magistrado del ramo.
3- La buena o mala praxis... todo el mundo cometemos errores: médicos, enfermeras, auxiliares, políticos, vecinos y allegados, es de suponer que sin mala intención, pero ante un caso clínico de carácter grave lo primordial es salvar el ojo, y luego ya veremos qué clase de chinita fue la que entró dentro. En un caso de contaminación vírica, por supuesto, es obligado conocer además la cadena de transmisión del virus, la prevención, etc. etc... Ante desgracias de colosal calibre pienso que, por muy preparado que se esté, nunca se está lo suficiente, siempre creemos que a nosotros no nos van a ocurrir, y cuando resulta que sí... que pasan, nos suelen pillar con el pie cambiado y sin peinar. Intuyo que dar cobijo y asistencia a casos de Ébola, cuando no se está preparado al cien por cien, es como ponerse a recibir al toro ante la puerta de chiqueros, sin capote, y dispuesto a recetarle una larga cambiada de rodillas. Órdago que puede salirte bien, pero puede ponerte mirando a Cuenca.
4- El perro. Mis escasos conocimientos de casi todo me llevan a no saber pronunciarme acerca de si ésa, la de sacrificar al animal, era la única opción que había para él. Pero entiendo a la gente que lo haya querido defender a capa y espada, entiendo a los que se posicionan en favor de preservar la vida del animal, no entiendo que se tengan que establecer comparaciones, que si tanta defensa a un perro y poca ayuda para no sé qué colectivo humanitario... Mi opinión es que cada uno defiende y apoya lo que cree conveniente, y hay mucha gente que ayuda a otra gente, así pues no veo mal que alguien apoye -apoyemos- a los bichos, tiene que haber de todo en la viña del Señor. Apliquemos también la presunción de inocencia a todos aquellos que defienden a los bichos, sin ser por ello considerados como "raza peligrosa" para sus congéneres, los humanos.
5- Llegados a este punto me he quedado sin palabras para opinar acerca de los excesos verbales del ínclito Consejero, por eso sólo diré que me parece que es de tener muy poca vergüenza -lleve razón o no la lleve en sus reflexiones- hacer leña del árbol caído, cuando el árbol está herido de muerte, luchando por sobrevivir a consecuencia de algo que le ocurrió en el ejercicio de su profesión. A nadie se le ocurre decir que el bombero murió en un incendio a causa de su torpeza, que al soldado le explotó una granada por inútil y por haberse afeitado esa mañana, o que el minero que quedó sepultado bajo una mina no tomó las debidas precauciones porque llevaba el casco ladeado. Son casos en los que siempre lamentamos lo sucedido sin ir más allá, al menos las personas de bien. Hasta esos salvajes a los que nos gustan los animales.