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domingo, febrero 28, 2010

EL ESPÍRITU DEL AGUA





El espíritu del agua,
cristalino, aséptico, inodoro,
asoma a través de un caño
y, galante, me invita a un baño.
Tiene la piel mojada,
en la urbe huele a cloro,
está fresco, tiene fuerza
y arremete con la bravura
de un toro.
El espíritu del agua
discurre entre los arroyos,
por regatos, riachuelos,
formando un lecho en los hoyos.
En la plaza de la iglesia
hay churumbeles jugando,
hay palomas, perro y gato,
y el caño que está en la fuente
con envidia está mirando.
Los niños corren y brincan,
juegan a burlar el sol
y acariciar la brisa,
coleccionan hojas muertas
y hasta esconden
una araña en la camisa.
El caño quiere jugar
pero no tiene pies,
por eso él considera
que la vida va al revés.
Por su boca escupe agua
en vez de frases y risas,
y escapa el alma a raudales
a través de un grifo viejo
y oxidado que no cierra.
El espíritu del agua,
solitario y aburrido,
cuando ve besar parejas
se dedica a contar tejas,
y, excitado, empapa y cobija
sus ardientes humedades
bajo tierra.

jueves, febrero 11, 2010

LLEGA LA MUERTE DESNUDA Y CALLADA




Llega la muerte desnuda y callada,
viene a por mí.
Lo noto en su olor y su mirada.
Llega la muerte desnuda y callada.
Con un guiño cómplice me llama,
engaña y atrapa.
Me envuelve con su aroma luctuoso
de dalias y crisantemos,
y con sus cálidas palabras
me acaricia y embriaga.
Yo, pobre mortal, me dejo seducir
como un romántico cualquiera
y le pongo un par de velas
a Don Charles Baudelaire,
por si se quema, eso sí,
se las pongo al lado de los pies.
Me intuyo como poeta
de rompe y rasga y verso libre,
y el más allá imagino
como promesa futura de aventuras
que intentan alegrar mi vida,
poeta de puerta abierta,
de calcetín y bragueta
a quien la muerte desnuda y callada
persigue, aprieta, admira
y, mientras estoy con vida, respeta.