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sábado, febrero 15, 2014

Ausencia que arranca la noche


Ausencia que arranca la noche
del cristal de mi ventana,
pasos vacíos en calles sin gente,
sin asfalto y sin un coche,
voz que ilumina y que sangra
desde mi garganta,
manando vomita desde el infinito
hasta el más cruel de todos mis reproches.
Al fin descansarás tranquilo,
dormirás levitando en tus sueños,
caerás en la cuenta del día siguiente
y mirarás el reloj en las sombras,
en el rincón prohibido, allá donde siempre.
Verás que la hora no cede
y se detiene a la misma hora,
muere en un instante
cada vez que suena el toque elegante
en el campanario de la catedral,
allí es donde mueren todos los amores
por abandonados,
en sólo un minuto de besos latentes,
de besos prohibidos por inexistentes.
Allí es donde nace la rabia
y se torna perenne,
donde se afianza y donde la desgracia
toma confianza.
Verás qué bien vas a estar ahora,
cuando me recuerdes a la misma aurora
cada vez que suene el toque elegante
en el campanario de la catedral,
en el mismo instante, en sólo un momento,
en sólo un minuto, cuando el amor muere
por abandonado, con arte, con maña
y con una entrega casi artesanal.