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viernes, septiembre 20, 2013

PISADAS



Miró en dirección a la puerta. El ruido parecía proceder del otro lado y sonaba acompasado, como si fuesen pisadas, cada vez más cerca, cada vez más cerca, cada vez más cerca… No había nadie más en la casa, o eso creía ella. De pronto, fuese lo que fuese aquello que sonaba, cesó. Tan sólo un oído muy fino hubiese podido identificar los sonidos que rompían el inquietante silencio de la noche en el interior de esa casa que parecía maldita, y éstos no eran otros que los correspondientes a ambas respiraciones: la de ella, jadeante, por el miedo que la atenazaba;  y la de él, excitada, mientras asía fuertemente el pomo de la puerta de la habitación, con su mano enguantada en cuero negro,  y se encontraba con la mirada de ella, asustada para más señas, después de tanto tiempo, después de tantos años… y es que aún seguía hermosa, “lástima, ahora que por fin había tomado ya su decisión…”