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lunes, septiembre 16, 2013

REENCUENTRO




De pronto me di cuenta de un suceso terrible: ¡se me había agotado la inspiración!
Mi cerebro se había quedado vacío de ideas, me refiero a ideas nuevas, y todo su espacio, algodonoso como una de esas nubes grises de verano que presagian tormenta, se veía plagado de recuerdos diseminados por doquier, sólo recuerdos. Unas veces tangibles, otras, en cambio, permanecían ocultos y al abrigo de miradas curiosas bajo lo que parecía ser el suelo de mi cerebro, igual que se esconden las minas antipersonas, esperando sin duda que al transitar paso a paso por la senda de mi memoria, alguno de esos recuerdos estallase dándome de lleno en pleno rostro, amputándome algún miembro, tal vez arrancándome el alma. A la vista del panorama, decidí pasear por ella, por mi memoria, muy despacio, de puntillas, agazapada, sin hacer ruido, pisando blandamente, de hecho ahora que lo pienso… a veces levito sobre mis recuerdos.
Así fue como la descubrí, de la manera más tonta. Pequeña, desvalida, tiritando de frío y protegida de la lluvia con un enorme sombrero, mi imaginación estaba allí. Al parecer había sufrido un atropello, el conductor se había dado a la fuga y la pobre estaba maltrecha, desorientada y sin rumbo. La recogí, me la llevé a casa, la cuidé con esmero hasta que se recuperó, y ahora, la muy zorra, dice que quiere ser libre para volar. No soporta estar en la jaula y exige que la saque de allí a toda costa. No lo entiendo, qué ingrata…