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martes, octubre 29, 2013

AHORA




 

Ya descubro bajo la almohada un secreto,

bajo una hoja una huella,

bajo mi cama, escondida y temerosa,

la pálida luz de una estrella.

He aprendido a leer los elementos,

su código silencioso,

y los mensajes que llevan escritos en sus lomos

los chinarros del camino,

polvorientos, cenicientos.

Ya entiendo la razón de muchas cosas,

y ahora que nadie me engaña

y estoy de vuelta de todo,

ahora, que la radio me sorprende sin noticias,

el móvil sin cobertura

y el televisor me observa taciturno,

siempre negro y aplastado

desde algún ángulo oscuro, lleno de tamo

y de su audiencia tal vez olvidado…

me dedico a leer las líneas de tu mano,

la suerte, el amor y el destino

lo mismo que un quiromante,

me dedico a pulir facetas en granos de sal

con vocación de diamante,

me dedico a filosofar en alto

acerca de lo blanco de la noche,

de la negrura del día y del gris de la mañana,

Dios mediante.

Y por fin dedico ese tiempo libre que aún no tengo,

herencia reconocida ante notario,

a escribirte cada día siete versos,

ni uno menos, que son como siete llaves

que al traspasar los cerrojos de tu alma,

van contando mis penas

como se cuentan las bolitas de un rosario

o esas letras vacías que contiene un silabario.